A principios de este año, Sonic Youth anunció
la reedición de su álbum más popular,
“Dirty”. La idea era incluir lados B e inéditos
de aquella inolvidable época en que el grupo liderado
por Thurston Moore fue reivindicado por la camada grunge
como una influencia directa.
Los Sonic llevaban a esas alturas, 1992, una historia de
diez años, que había comenzado con un disco
homónimo y que había tocado las alturas con
joyas como “Evol” (1986) y “Sister”
(1987) o el maravilloso “Daydream Nation” (1988).
Como decíamos, corrían los días de
explosión grunge, y los Sonic surgieron como un nombre
más dentro de la infinidad de nuevas bandas. Algo
de lo que ellos nunca estuvieron muy preocupados, en todo
caso. De hecho, disfrutaron de ese momento compartiendo
escenario con Nirvana, especialmente, banda con la que realizaron
varias giras, un documental (“The year punk broke”)
y con la que, incluso, compartieron productor: el genial
Butch Vig (hoy integrante de Garbage).
Fue Vig el responsable de “alternativizar”
el sonido de los Sonic. Rara paradoja: no había nada
más alternativo por esos días que escuchar
Sonic Youth, así que cambio de sonido radical no
hubo. El grupo simplemente salió del underground
y se instaló, de un día para otro, en las
pantallas de MTV (¡¡qué buenos años
de la cadena televisiva!!)
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Thurston Moore, guitarrista; Kim
Gordon, bajista; Lee Ranaldo, guitarrista; y Steve Shelley,
baterista; editaron el célebre “Dirty”,
un disco supuestamente más “accesible”
para la gran masa. Lo cierto es que se trataba de un lanzamiento
en las mismas coordenadas Sonic de siempre. Guitarras eternamente
sucias, voces trasnochadas, y melodías potentes pero
algo extrañas, para lo que uno está acostumbrado
a oír.
Lo cierto es que este álbum proporcionó varios
hits a las radios (las más vanguardistas) del mundo.
Partiendo por el primer surco, “100%”, un exquisito
cóctel de guitarras al borde del ruido, que nos dejan
enganchados “de una” con el tema siguiente, “Swimsuit
Issue”, y una batería que nos despedaza.
“I love you, i love you, i love you, what's your name?”,
gime la Gordon en “Drunken Butterfly”, poniendo
el tono autodestructivo clásido de aquellos años.
Simplemente un disco demoledor, fruto de uno de los mejores
grupos “alernativos” de los últimos veinte
años. Una banda que ha envejecido con dignidad y maestría,
y que hace un año nos entregara un nuevo álbum
de estudio, “Murray Street”, la demostración
tangible de que todavía les queda “carrete”.
Y que su sonido ya es inmortal.
Por Rodrigo Toledo
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