Robert Wyatt, uno de los compositores claves del movimiento
Canterbury –mezcla de jazz, rock y sicodelia- surgido
en la Inglaterra de los 60’s, voz y batería
de Soft Machine, decide dejar atrás las agrupaciones
y dedicarse a experimentar de manera solista. Durante una
fiesta realizada el 1º de junio de 1973, en pleno proceso
de composición de su segundo álbum bajo ese
formato y una noche antes del primer ensayo programado con
su nueva banda para el material recientemente creado, cae
de un 4to piso, rompiéndose la columna y quedando
postrado en silla de ruedas para el resto de sus días.
Un año después, el 26 de julio -fecha en la
que se conmemora el ataque al Cuartel Moncada, hecho con
el que se inicia la revolución cubana- este simpatizante
comunista lanza uno de sus más importantes hitos
discográficos y también, uno de los más
hermosos álbumes que nos haya dado el art rock.
Producido por el baterista de Pink Floyd, Nick Mason y
con la colaboración de personalidades de la música
como Fred Frith y Mike Oldfield, Rock Bottom es un paisaje
de seis tracks cargados de conmovedora melancolía,
sensibilidad poética y experimentación sónica.
Podríamos definir al álbum como una sola gran
canción que se inicia con una apacible melodía
y que aumenta en intensidad en una curva que alcanza su
peak en el minuto 4:45 del tema "A Last Straw".
Notas que ascienden hasta lo más alto del pentagrama
y luego descienden para servir de introducción a
"Little Red Riding Hood Hit the Road", el episodio
más intenso del disco. Melodías e instrumentos
que se cruzan entre sí, una trompeta a cargo del
sudafricano Mongezi Feza –gran talento fallecido a
la corta edad de 30 años- que nos
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recuerda soberbios episodios
de Miles Davis y que contrapuntan el lamento de Wyatt para
frases como “You’ ve been so kind/I Know, I Know/So
Why did I hurt you?/I didn’t mean to hurt you/But I’ll
keep trying and I’m sure you will too”. Sonidos
que en la mitad del tema transitan en efecto reversa por un
minuto y luego regresan al formato original de mano de la
marcial voz de Ivor Cutler que da fin a este aparente caos.
Afortunadamente, Wyatt no es sólo un hombre de una
sensibilidad extrema. Chris Jones de la BBC definió
otro de sus discos como “tomar una taza de buen té
con un amigo muy, muy inteligente”. Es capaz de abstraernos
del mundo y sus ruidos, logrando que cada uno de nuestros
engranajes cerebrales gire en un carrusel formado de ritmos
y estructuras por él propuestos y fortalecidos por
su emotiva interpretación vocal. Las letras de Wyatt
siempre parecieran ser una petición de disculpas a
Alfreda Benge “Alfie”, su compañera y artista
que puso la voz en una canción del disco y la gráfica
que adorna su carátula.
Si el arte es la capacidad de transmitir, Rock Bottom es
un disco para escuchar en soledad y Wyatt un hombre para sentir.
Un tremendo artista capaz de emocionar e involucrarnos. Un
disco de no fácil recepción, pero una vez digerido
se torna imprescindible.
Lucía Lopez
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