Geoff Barrow es el nombre del líder y fundador de
Portishead. No podía ser de otra forma, si fue él
quien nació en Portishead, un pequeño pueblo
situado a 13 millas de Bristol, Inglaterra.
Barrow fue DJ, y con el paso del tiempo instaló su
propio estudio, convirtiéndose en productor.
Por esos años es que conoce a Beth Gibbons, quien
lo impacta por su voz y la profundidad de las canciones
que escribía de su puño y letra.
Un grupo de jazz, cuyo guitarrista era Adrian Utley, llegó
también a grabar al estudio de Barrow. Utley tenía
una vasta experiencia musical en su estilo, y también
deslumbró a Barrow, quien ya había empezado
a "cranear" la idea de un proyecto propio.
Faltaba una pieza para completar el rompecabezas, y ese
fue Dave McDonald, integrante de un grupo de reggae (?).
Era la última cuota de diversidad que le faltaba
a esta mezcla más que heterogénea.
En 1994 se encierran a grabar su disco debut como Portishead,
el que sale a la venta en octubre con el título de
"Dummy". Se acababa el año, pero la placa
tuvo tal impacto que varias revistas la eligieron la "mejor
del año".
Comenzaba la época del llamado sonido trip-hop,
mezcla de bases programadas, loops y efectos, con elementos
e instrumentos acústicos. Todo, bajo un color oscuro,
sombrío, algo desesperanzado. El epicentro del movimiento
estaba en la ciudad de Bristol, y sus gestores más
visibles pertenecían al colectivo Wild Bunch, de
donde salieron, por ejemplo, Massive Attack (considerados
"padres" del estilo).
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Pero, volviendo a "Dummy",
fue sorprendente la repercusión comercial que alcanzó
un disco que podría considerarse más bien "alternativo".
Esto, si pensamos en la rotación radial y televisiva
que tuvieron sus dos primeros sencillos: "Sour times"
y "Glory Box". En este último tema sorprendía
el lamento vocal de la Gibbons:
"Give me a reason to love you / Dame una razón
para amarte
Give me a reason to be, a woman / dame una razón para
ser una mujer
I just wanna be a woman" / Yo sólo quiero ser
una mujer".
Fuertes declaraciones, pasadas por la suave textura vocal
de la Gibbons, no podían hacer menos que atraparnos.
Y ni hablar del sonido, responsabilidad -según los
créditos- de una producción a cargo "Portishead
y Adrian Utley", y del trabajo de Dave Mc Donald como
ingeniero.
Un disco fruto de extrañas jugadas del destino, que
decidió unir cuatro almas sensibles y talentosas, con
un resultado "inmortal".
Por Rodrigo Toledo
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