Mother Love Bone es, a estas alturas, una de las bandas
más legendarias del movimiento grunge. En sus filas
militaban Jeff Ament, Stone Gossard, Bruce Fairweather,
Greg Gilmore y Andrew Wood. O sea, casi el 50% de lo que
iba a formar parte de Pearl Jam, la única banda sobreviviente
de "esos años" de camisas de franela y
bototos de milico.
La muerte de Wood -por sobredosis- disolvió al grupo
a la vez que lo convertía en mito. Sus integrantes
se abocaron entonces a otros proyectos. Uno de ellos, el
de Gossard y Ament, iba a llevar el nombre tentativo de
de Mookie Blaylock, por un amigo del grupo, jugador de la
NBA.
A poco andar cambiaron ese nombre por Pearl Jam, y definieron
su formación, con el surfista Eddie Vedder a la cabeza,
Mick McCready y Gossard en guitarras, Ament en el bajo,
y Dave Abruzzezze en batería (un puesto bastante
rotativo a lo largo de su trayectoria).
Los cinco iban a editar un disco debut, "Ten",
llamado así no por su número de canciones
(de hecho, son once), sino por el número que llevaba
Blaylock en su camiseta.
Ese disco, de lanzamiento algo desapercibido en su momento,
es el que homenajeamos hoy a través de este espacio
dedicado a placas "inmortales". Un álbum
que podría seguir siendo conocido a nivel local -en
Seattle- de no ser por la explosión grunge que generó
Nirvana con su "Nevermind", ese mismo glorioso
año de 1991.
Tras el éxito de Cobain y sus amigos, supimos de
la existencia de toda una camada de grupos y hasta una idiosincrasia
grunge. Había vida en Seattle, y Pearl Jam se transformó
en uno de sus adalides más populares, gracias a un
disco que quizá no tenga mucho que ver con el sonido
"grunge" propiamente tal, pero que fue catalogado
así por su origen.
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JEmparentado más con el
rock clásico de Zeppelin o Hendrix, "Ten"
es una lección acerca de cómo hacer canciones
viscerales, intensas, sin caer en arreglos barrocos. Temas
como "Jeremy", "Alive", "Black",
"Oceans", hoy suenan a "clásicos de
siempre", a pesar de que tienen algo más de diez
años de edad.
Todo gracias al fiato de una banda que permanece "vivita
y coleando" hasta hoy, con apenas unos tres cambios de
baterista, pero sin alterar su estructura creativa. Con una
voz tan característica que hizo escuela, letras de
profunda emoción y rock en estado puro, Pearl Jam se
ganó un público que le es fiel todavía,
cuando ya están lejos de ese sonido, y apelando a su
enorme capacidad para reinventarse.
Ahí está "Ten", como una monumental
declaración de principios, once himnos generacionales
que no pierden vigencia, y que sirven para renovar las esperanzas
en tiempos en que cuesta creer en algo.
Por Rodrigo Toledo
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