Hay una regla simple que dice que si una banda alguna vez
sacó un compilado de grandes éxitos en el
ocaso de su carrera, significa que pasó a la historia
como proveedora de inmortales canciones, de esas que dan
ganas de escuchar en cualquier momento de la vida y que,
como dice el cliché, “no pasan nunca de moda”.
El caso de Men At Work claramente se encasilla en ese concepto.
Formados en Australia a principios de los 80s, su debut
no pudo ser más auspicioso en 1982, con la edición
del también inmortal –pero menos comercial-
“Business as Usual”, álbum que mostraba
al mundo la propuesta pop e influenciada por el reggae,
el new wave y hasta por los sonidos post punk de la banda,
pero fusionada a la vez con elementos más folk, cruza
que finalmente desembocó en el sonido característico
y lleno de misticismo de esta agrupación. Pop con
cierta cuota de misterio, si se prefiere.
Con ese anticipo, Men At Work se despacha en 1983 el disco
“Cargo”, que significó la consagración
comercial e histórica de la banda, luego de encabezar
por un tiempo varios charts de distintos países del
mundo entero con su single “Overkill”, una extraordinaria
y mística canción pop, que tenía la
cuota precisa de optimismo y festividad con sus notables
arreglos en flauta y en percusiones africanas, que hicieron
de ella un verdadero deleite musical. Esta es una de esas
canciones que aún suena a veces desapercibida en
las radios, y sin que uno diga “guau, que antiguo”.
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Además de Overkill, hay
otros súper éxitos al interior de “Cargo”
(cosa común de los discos de los ochentas; el hecho
de generar producciones con más de un “One Hit
Wonder”) como “Dr. Heckyll & Mr. Jive”
o “It’s a Mistake”. Esta última canción
tenía la cuota de profundidad necesaria para no encasillar
a Men At Work como una banda frívola o sin contenido,
ya que trascendió como una irónica y ácida
crítica a las bombas nucleares.
En definitiva, música que se ganó con creces
la categoría de inmortal, debido a la justa combinación
de misticismo y popularidad que hizo trascender por siempre
los grandes éxitos de Men At Work. Todo esto, sin dejar
de lado su recatada prolijidad musical, que fue suficiente
para generar música de corte radial sin la necesidad
de lucir desmedida musculatura musical.
Por Francisco Pinto
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