En 1977, influenciado por su padre, el compositor de música
para films, Maurice Jarre, es cuando Jean Michel edita su
primera producción discográfica, fruto de
la unión comercial con Dreyfus Records. Y nació
uno de los discos referenciales no tan sólo para
la corriente electrónica, sino para la música
incidental y orientada a generar ambientes para trabajos
televisivos y cine.
Más allá de que Kraftwerk, Tangerine Dream
o Vangelis venían en ascenso respecto a sus aventuras
con los sintetizadores y otras máquinas electrónicas,
la gracia de Jarre fue generar un trabajo finamente adaptado
a estilos más populares y digeribles para el público
en general, que lo hizo ser uno de los principales embajadores
musicales de Europa en el mundo a fines de los 70s. Su peak
de popularidad se vio incrementado, además, por la
espectacularidad de cada uno de sus conciertos, que, al
igual que su música, se caracterizaron por utilizar
recursos novedosos y muy tecnológicos, así
también tremendamente pirotécnicos: demasiado
atractivos como para no asistir.
Oxygene es un disco muy nutrido por la música popular
de Francia y de otras zonas de Europa, que generó
un recordatorio colectivo importante con las melodías
de Oxygene Parte 1 y de Oxygene Parte 5. Además,
es un disco que contiene un importante mensaje para la conciencia
humana,
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publicitado casi violentamente
en su carátula, como la destrucción de los recursos
naturales del planeta, tema muy clavado en la palestra mundial
de los 70s por el pick de la guerra fría. Quizás
por eso mismo fue fiel compañero de programas científicos
de televisión o dedicados al tratamiento de tópicos
medioambientales, tradición seguida hasta el día
de hoy por algunos poco originales realizadores audiovisuales.
Muy insistente en la tecnologización musical, Jarre
recurre a los sintetizadores y otro tipo de máquina
de última generación de esos años para
componer y grabar este disco: la lista es larga, pero podemos
nombrar, entre otros, al ARP 2500, Korg MS20, ARP Solina y
un par de modelos de Farfisa. Herramientas modernas para generar
una de las obras más importantes de la música
popular, que merece un espacio aparte por el atrevimiento
de Jarre de quebrar esquemas y por la emotividad palpable
al interior de su música, que, más allá
de haber sido “congelada” con sintetizadores,
demuestra una sensibilidad artística que trasciende
cualquier artilugio tecnológico.
Por Francisco Pinto
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