Las cosas en su lugar. Michael Jackson fue un artista de
altura incomparable. Podrá ser considerado un monstruo,
un ser extraterrestre, un desgraciado, lo que sea. Pero
nunca un artista de segunda categoría.
Podrá serlo ahora, luego de tanta agua que ha corrido
bajo el puente, de tantas acusaciones, juicios, rumores.
Pero no en los '80, cuando se ganó el mote de "rey
del pop".
Nada era gratuito. Merced a una carrera brillante y en ascenso,
el ex integrante de los Jackson 5 se había ganado
con creces su lugar en el cielo de la música popular.
Y lo confirmó a través de un disco tan redondo
como vendedor.
45 millones de copias, se dice que vendió este álbum,
el más vendido de todos los tiempos, y que logró
ubicar ¡siete sencillos! entre los Top Ten de los
ránkings estadounidenses.
La mano de Quincy Jones en las perillas fue un arma letal,
con la que Jackson se irguió sobre lo mejor de su
talento, su voz juguetona y versátil, y unos arreglos
dignos de las mejores épocas del Motown.
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Basta recordar el temazo llamado
"Beat It" (con un solo gentileza del guitarrista
Eddie Van Halen), para darse cuenta la carga "negra"
y contemporánea de un disco capaz de gustar al interior
de un amplísimo espectro (de ahí sus ventas).
1982, momento de reinventar el pop para Michael Jackson, y
dejar la tarea servida para los artistas que vinieran en adelante.
Como diciendo: "a ver quién sigue ahora".
Varios lo intentaron con distinta suerte. Es que superar la
vara dejada por este "Thriller" era una tarea prácticamente
imposible. Había en esta placa la conjunción
perfecta de talentos -Jones-Jackson- y un contexto histórico
(guerra fría) que fue el ideal.
Nueve canciones que hicieron historia, hijas de un personaje
de hoy hace noticia por hechos lamentables, y cuya carrera
mereció un final más digno. Qué se le
va a hacer.
Por Rodrigo Toledo
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