Muchos no tienen idea de quién es Gary Numan, y
menos cuál es su estilo, a pesar de que seguramente
han escuchado cientos de veces su mayor éxito, “Cars”,
en radios de target enfocado a público mayor de 25
años. Hablamos de aquel tema muy ligado a la vertiente
más futurista del new wave, que combina una exquisita
línea de sintetizador –grabada por Billy Currie
de Ultravox- con una potente base rítmica de bajo
y batería (guitarras out), y que pregona la frase:
“Here in my car,
I feel safest of all,
I can lock all my doors,
It's the only way to live in cars”
El disco que incluye esta notable canción es “The
Pleasure Principle”, de fecha de elaboración
de septiembre de 1979, y que podría interpretarse
como el golpe de entrada al circuito mundial, y a sus sistemas
de entrada de ranking, de Gary Numan. El álbum, si
bien internacionalizó su genuina propuesta, conserva
muchos visos experimentales y de intransigente originalidad,
con la incrustación de varios pasajes atmosféricos
e instrumentales (“Airplane”, “Random”,
“Oceans”, “Asylum”), que
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sospechosamente siguen las enseñanzas
conceptuales y minimalistas dejadas por Kraftwerk durante
los 70s. Además, puede llegar a ser limitado –aunque
al mismo tiempo arriesgado- en variedad sonora, ya que se
remite a incluir sólo sintetizadores, bajo, batería
y voces, desterrando a la sagrada guitarra eléctrica,
inherente al rock progresivo de épocas cercanas.
Esa simpleza, frialdad y minimalismo derivó, paradójicamente,
en potentes y directos temas como “Metal”, “Complex”
y la misma “Cars”.
Aún así, con esta cerrada mirada conceptual,
debe ser uno de los de los discos más influyentes del
rock de los 80s, al ser uno de los primeros compendios en
poner como estandarte a elementos futuristas –tendencia
que sería imitada hasta el cansancio años después-
y a una nueva generación instrumental de sintetizadores
y baterías electrónicas. A la par, pero con
otra alquimia, lo hacían músicos como Kraftwerk,
Human League, Brian Eno, Devo y Depeche Mode.
Por Francisco Pinto
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