Para Veloso no era una experiencia inédita. En 2000
había editado un disco con canciones del repertorio
latinoamericano, releídas bajo su particular prisma,
con el título de "Fina estampa" (nombre
de uno de los clásicos de la peruana Chabuca Granda).
Ese es precisamente el álbum al que dedicamos este
espacio, en vista de sus logrados quince surcos, cada uno
de los cuales representa una emoción tan grande o
superior, incluso, a la de su aparición cinematográfica.
Con la suavidad y los arreglos sutiles que lo caracterizan,
Veloso le dio a este repertorio un aire tan fresco que se
volvió irresistible para quien lo escuchara:
"Es curioso que 'Fina Estampa' sea el álbum
que más haya vendido en Brasil, tres veces más
que cualquiera de mis álbumes más vendidos
en portugués. Aquel repertorio de canciones clásicas,
consideradas cursis en otros países, en Brasil eran
diez veces más cursis, porque la lengua española
en Brasil ya lo es de entrada. Así que canciones
como 'Cu cu rru cu cu Paloma' son casi como la broma de
las bromas", contaba el propio compositor en una entrevista.
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En "Fina estampa" nos
encontramos con la dulzura del vals peruano, como en el tema
que da nombre al disco; con el romanticismo nada de previsible
de un bolero ("Contigo en la distancia"); con la
tradición cubana ("María la O"); el
desconocido folclor paraguayo ("Recuerdos de Ypacaraí")
o el genio vanguardista de Piazzolla ("Vuelvo al sur").
Claro, como chilenos echamos de menos la presencia de una
Violeta Parra o un Víctor Jara, incluso de un Pato
Manns, y Veloso queda al debe en este sentido, puesto que
sus nombres son ampliamente conocidos en el repertorio latinoamericanos
(en todo caso, ya se han preocupado de ellos otros artistas,
como Aznar).
Sin embargo, el disco es redondito, y hermoso de principio
a fin. Como para compartir esas viejas canciones de papá,
mamá y abuelos, en familia, en versiones de alta calidad,
y con el sello de garantía ilimitada de Caetano Veloso.
Un lujo.
Por Rodrigo Toledo
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