"Es verdad que 'Emperor…' tenía un toque
más comercial que otros discos nuestros. Era más
accesible, muy melódico, rítmico y popie.
No fue una cosa hecha a propósito, sino que resultó
así de forma natural. Luego, 'Dots & loops' fue
más difícil, menos comercial. Puedes hacer
un álbum fácil y que el siguiente tenga una
tendencia más compleja". Son las palabras de
Stereolab, refiriéndose al éxito impensado
que adquirió esta placa alrededor del mundo.
Tim Gane y Laetitia Sadier, pilares de Stereolab, se conocieron
cuando el primero tenía una banda, McCarthy, y Laetitia
era una de sus seguidoras en Francia. Se conocieron, enamoraron
y decidieron armar un proyecto conjunto, cuya base era la
autogestión, dado el gusto que sentían por
el underground.
Con Joe Dilworth, baterista de Th' Faith Healers' y Martin
Kean, neozelandés ex The Chills sellaron una formación
que iba a estar en permanente cambio y cuya fuente de inspiración
principal iban a ser el lounge y la antigua canción
francesa.
Visitantes ilustres de Chile en 2000, esta agrupación
multinacional se ha caracterizado por la constante reinvención
de su sonido a lo largo de una extensa trayectoria de más
de diez años, que comenzara en 1991 y que llegara
a su máxima repercusión comercial con este
álbum, editado en 1996, y que hoy recordamos como
un "inmortal":
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La textura de los órganos
Farfisa y Vox, junto a los sintetizadores Moog, nos trasladan
y nos guían por parajes llenos de melancolía,
por películas que están en nuestra memoria colectiva,
llenas de colores, gente conversando y una piscina en el patio.
Exquisito bajo introductorio, a través de "Metronomic
Underground", nos abre la mente hacia el futuro y, al
mismo tiempo, hacia el mañana.
En la seducción del francés y la voz de Laetitia
Sadier, la situación se vuelve aún más
elegante y fina, funcionando en cualquier espacio de nuestras
vidas, como cápsula para el relajo, o como motor para
echar a andar el día.
Coros que trascienden la escucha y nos acompañan aún
después de poner stop en el equipo de sonido. Así
es como, muchas veces, nos ha tocado reconocer las melodías
de este álbum en la publicidad. Como en el caso de
"OLV 26".
Funk, soul, rock, noise, lounge, puestos en una juguera que
no despedaza, sino que licúa con coherencia los sonidos,
para llegar a uno solo que responde al sencillo nombre de
"pop". Tres letras que, por esos años, yacían
esparcidas en el olvido, y que Stereolab supo rescatar, respondiendo
de manera notable a su rol de salvadores. Y de músicos
inmortales.
Por Rodrigo Toledo
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