Si hay algo que ha identificado a Sting durante su carrera
es su compromiso político. Por eso extrañó
que en aquellos álgidos años ochenta se le
invitara a participar de nuestro "querido" Festival
de Viña junto a su banda, The Police.
Quizá en ese momento no era tan evidente la posición
política de Sting, quien sólo iba a volver
a nuestro país cuando la democracia estaba a punto
de volver, para el concierto de Amnesty International, y
actuando como solista.
Claro, el trío con el que se había hecho
famoso se disolvió varios años antes, en 1984,
luego de una época plagada de éxitos (como
el "Do do do, da da da", o "Roxanne").
Eso lo dejaba en el mejor pie para intentar el paso en solitario.
Pero retrocedamos algunas décadas, a su nacimiento
en Wallends, Newcastle, Gran Bretaña. Era Sting (bautizado
como Gordon Matthew Summoner) un niño motivado por
sus padres a acercarse a la música. Primero al piano,
a través del cual el pequeño Gordon descubrió
su pasión.
Ya adolescente, se acerca al contrabajo y, con él,
a su destino. Era el jazz la música que más
lo llenaba, y por eso extraña que decidiera comenzar
una banda de pop. Por cierto, al escuchar la música
de The Police uno encuentra referencias claras a los gustos
juveniles de Sting, pero también mucho de actitus,
y algo de fiesta y de sabor caribeño (en el ska).
Dicen que los egos chocaron en The Police, sobretodo los
de Sting y el batero Stewart Copeland. Bueno, el muchacho
de rostro adusto decidió cortar por lo sano y pronto
iba a debutar con "The dream of the blue turtles"
(1985), una placa que se acerca mucho más a los intereses
primarios del artista, más tendientes al jazz.
Al año siguiente, e inesperadamente, llegaría
un disco doble, en vivo, llamado "Nothing like the
sun", en el que participa casi la misma tremenda banda
que el músico consiguió para su debut.
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Brandford
Marsalis en el saxo, Danny Jones en el bajo y Kenny Kirkland
en los teclados, formaban un trío "de medio"
en el que Sting se apoyó con calidad.
"The soul cages"
es un disco compuesto tras la muerte de su padre, por lo que
está marcado por la melancolía. Esto, al contrario
de "Ten summoner's tales", uno de sus álbumes
más luminosos y orientados al pop (con canciones que
fueron éxito radial, como "If i ever lose my faith
in you" o "It's probably me").
"Mercury falling"
(1996) fue un disco que pasó algo desapercibido comercialmente,
más allá de su primer sencillo, "Let your
soul be your pilot". Sin embargo, se trataba de la consolidación
de Sting en un estilo, y sus primeros coqueteos con la world
music.
Su placa de 1999 permanece en esa misma frecuencia. "Brand
new day", por ejemplo, cuenta con la colaboración
de Cheb Mami, un popular músico argelino que escribió
la letra de "Desert Rose" en árabe.
"Sacred love" se llama su undécimo disco,
grabado en su estudio casero de la Toscana italiana, en el
que Sting ha vuelto a trabajar con Kipper, productor/programador,
que fuera co-productor de sus discos "Brand New Day"
y "All This Time". La fecha fijada para su lanzamiento
es el 22 de septiembre.
Con "Sacred love", entonces, se rompe un período
relativamente largo de silencio en el que Sting no se alejó
del todo de la música. De hecho, las giras siguen siendo
su fuerte y lo trajeron a Chile en 2001. Su cercanía
con nuestro país ha sido una constante, debido a su
condena al régimen autoritario de Pinochet y su compromiso
en la lucha por los DD.HH. Y es que más allá
de su rol de músico, Sting es todo un artista, con
participación en el cine incluida ("Duna",
de David Lynch, por ejemplo) y su voz cuenta con un importante
peso específico. Bien ganado.
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