Un poquito venida a menos luego del fracaso comercial de
su nuevo disco, a la Sra. Ciccone (o Ritchie) no se le puede
negar su lugar en el universo pop. Un espacio que conquistó
a punta de reinvenciones y a su obsesión por permanecer
a la vanguardia.
Toda una artista. Con estas sencillas tres palabras podríamos
definir a la ítalo-norteamericana conocida en todo
el mundo con el nombre que los antiguos pintores daban a
los retratos de la virgen María.
Madonna, genio y figura durante más de dos décadas,
ha tenido una vida llena de sobresaltos, éxitos,
tragedias, y hasta violencia física.
Todo comenzó en la pequeña localidad de Bay
City, en el estado de Michigan, un 16 de agosto del año
1958 (no se molesten en calcular, la diva está pronta
a cumplir 45 primaveras), día en que ve la luz Madonna
Louise Verónica Ciccone.
Hija de Silvio Ciccone, y de una madre de la que heredó
el nombre -y que falleció cuando la pequeña
contaba con seis años-, Madonna tuvo una infancia
de la que no gusta mucho recordar, y que compara con la
de Cenicienta.
Su sed de fama la llevó a New York, donde debió
ganarse la vida como vendedora en un local de Dunkin Donuts
y modelando desnuda. Su intención más seria,
sin embargo, era vivir de la música, y para ello
se las rebuscaba al interior de la vorágine artística
de la Gran Manzana.
Así fue como llegó a conseguir un contrato
con Sire Records, a través de su jefe, Seymour Stein.
Cinco mil dólares fue la cifra del contrato que la
llevó a grabar su primer y homónimo álbum,
con una repercusión que invitaba a confiar en su
éxito.
Con "Like a virgin", su segunda placa, todas
las sospechas quedan confirmadas: estábamos frente
al fenómeno pop má importante de la década
de los ochenta.
Un matrimonio fallido con el actor Sean Penn (quien, supuestamente,
tuvo episodios de violencia que los llevaron a la corte,
inclusive), una polémica por un video clip (el de
“Like a Prayer”, que despertó la ira
del Vaticano y que, de paso, marca su mejor época
creativa), un par de películas (“Desesperadamente
buscando a Susan”, la más rescatable) y una
personalidad avasallante, lograron hacer de Madonna el ícono
de esos años.
|
Pero
con la llegada de los noventa, la controvertida cantante perdió
la brújula y su figura se hizo sinónimo de sexualidad
explícita y escándalo. La preocupación
por lo musical pasó a segundo plano, removida por la
preponderancia de desaciertos como el documental “A
la cama con Madonna”, su libro “Sex”, su
disco “Erotica”, y el desafortunado filme “El
cuerpo del delito”.
Pero Madonna supo frenar su aparente decadencia a tiempo.
En 1994 vivió su renacer con el disco “Bedtime
Stories”, del cual se destacaron rápidamente
dos sencillos, como “Secret” y “Take a bow”.
Claramente se descubre en su sonido e imagen a una artista
más madura, elegante, con una nueva mirada respecto
a su trabajo.
El director británico
Alan Parker la invitó, por ese entonces, a ser la protagonista
de uno de sus proyectos más ambiciosos: la versión
fílmica de la ópera rock “Evita”.
La idea era, por supuesto, que Madonna fuese la protagonista.
El filme no tuvo un respuesta comercial ni de la crítica
acorde a todo lo que se habló previamente.
En su regreso al estudio, Madonna alcanza niveles de popularidad
que no conocía desde los '80. Esto gracias al lanzamiento
de “Ray of light”, suerte de hito entre la Madonna
más convencional, y la de hoy, entregada por entero
a las bondades de la electrónica, el sonido más
bailable, la producción más cuidada y exquisita.
Claro, este cambio coincide con su trabajo junto a William
Orbit en las perillas.
El sonido Madonna, desde entonces, se vuelve aún más
reconocible y certero en los ránkings, alcanzando un
peak con “Music” (2000), en el que el reciclaje
estético y sonoro se hace más patente que nunca.
La autodenominada “chica material” le hace más
que nunca honor a su apodo, apelando a todo aquello que llamamos
“cultura pop”, y que consumimos a través
de la televisión todos los días.
Hoy, eso sí, Madonna se ha encontrado una vez más
con el desaire del mercado, que no ha visto en “American
life”, su nuevo disco, un material tan atractivo como
siempre. Aunque esto es una apreciación a priori, teniendo
en cuenta que recién está rotando su primer
single en radios, no deja de ser una señal decidora,
a la vista de sus últimos arrolladores resultados en
ventas.
Y si hubiera un nuevo bache en su trayectoria ¿no
ha sido otras veces capaz de levantarse, incluso con más
fuerza? No, Madonna a estas alturas parece un ente indestructible,
un monstruo símbolo de nuestra posmodernidad, una artista
completísima, que ha sabido entender cuál es
su rol dentro de la sociedad occidental (e incluso en otras).
Una mujer de armas tomar.
|