Hace exactamente cinco años, “Blops”
(1970), “Del volar de las palomas” (1971) y
“Locomotora” (1973) fueron reeditados en disco
compacto. Además, la banda liderada por Eduardo Gatti
y Juan Pablo Orrego se reagrupó y, desde entonces,
de vez en cuando sorprenden con alguna presentación
en vivo en donde han vuelto a sonar sus viejas canciones.
Claro que con la clara intención de remozarlas y
arroparlas con el aquí y ahora.
Y hoy, en pleno renacer del folk con destacados exponentes
como Gepe, Javiera Mena (cuando no se pone electrónica),
Leo Quinteros (y su disco “Leo Quinteros, ahora”)
y Manuel García (en su grupo Mecánica Popular
ha tocado temas de los Blops) y, por qué no decirlo,
en el año del regreso de Los Tres, bien vale la pena
mirar hacia unas tres décadas atrás y revisar
el legado musical de los Blops, una de las agrupaciones
más vitales de la historia del rock nacional y que
con sólo tres discos crearon una veta que todos los
mencionados, y algunos más, han transitado de manera
consciente o inconsciente.
Gatti, un marino:
Los Blops estaban formados muchos años antes del
ingreso de Eduardo Gatti y coexistían a mediados
de los 60 con bandas de inspiración beat como Los
Vidrios Quebrados, Los Jockers y los Apparittion (donde
tocaba Gatti). Eran una banda cargada a los covers, particularmente
de los Doors.
En ese tiempo los integrantes eran Andrés Orrego,
Pedro Green, Alejandro Green, Juan Pablo Orrego, Felipe
Orrego y Julio Villalobos. Gatti se integraría a
los Blops cuando se disuelve Apparittion, en septiembre
de 1969.
Pero Eduardo Gatti estuvo a punto de convertirse en marino.
A mediados de ese año, se puso a trabajar en un barco
salitrero británico cuyos jefes le ofrecieron estudiar
en Inglaterra para que volviera al barco en tres meses y
se quedara definitivamente con ellos. Casi lo hace, pues
en las travesías aprendió a amar el mar perdidamente,
aunque, finalmente, primó la música y regresó.
La música de “Los Momentos” la hizo
mientras estaba de paseo en París. No estaba pensada
para ser incluida en el primer LP de Los Blops, pero faltó
tiempo en un lado del disco, entonces el ingeniero del estudio
les dijo que grabaran algo más. Eduardo, apodado
en esa época como “el Eric Clapton chileno”,
se acordó del tema y lo hicieron en no más
de 20 minutos.
El disco mezcla por primera vez el formato de banda eléctrica
con el folclore criollo, de un modo muy distinto al desarrollado
en ese momento por Los Jaivas.
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Parte importante de ese extraordinario
período, cargado a la improvisación musical,
lo cursan en la villa Manchufela, una comunidad que queda
en un ex convento cerca de la Plaza Egaña, donde, además
de ellos, vivían algunos artistas plásticos.
Eduardo tiene su pieza al lado de la sala de ensayos, a los
que en ocasiones se incorporan amigos como Angel Parra y Víctor
Jara.
Sólo ellos guardaban respeto y admiración por
la música de Los Blops dentro de la Nueva Canción
Chilena, pues casi todos tenían prejuicios hacia las
bandas de rock. Jara tocaría con ellos en vivo y Parra
no sólo terminaría participando como músico
en el segundo LP, “Del Volar de las Palomas” (1971),
sino que, además, lo financiaría y produciría.
Así, mientras la polarización política
se traspasa al campo cultural, algunos hacen el ejercicio
opuesto. Víctor Jara invita a Los Blops a grabar dos
temas de su próximo disco, “El Derecho de Vivir
en Paz” -que le da nombre al álbum- y “Abre
la Ventana”. Así como lo hizo Bob Dylan hace
seis años atrás, el cantautor chileno da sus
primeros pasos en el rock aunque muchos no lo reconocen.
Después de mucha actividad en escena, con una buena
cantidad de recitales a cuestas, el grupo comienza a mutar
desde ese exquisito folk rock de sus primeros dos discos a
un rock más complejo y vanguardista. En efecto, su
público se sentirá contrariado con el tercer
LP, “Locomotora” (1973). Las influencias que rondan
las cabezas de los músicos en el momento que lo graban
son muy distintas a ese rock bucólico de sus trabajos
anteriores. Muchas cosas son diferentes en ese tiempo - julio
de 1973-. Además el disco lo registran en Argentina.
Los favoritos de la banda son Deep Purple con su disco “Machine
Head”, el grupo avant-garde inglés Soft Machine,
el avanzado jazzista Miles Davis y el guitarrista John Mclaghin.
Hay acercamientos indudables a una psicodelia más
densa. Al escuchar el disco se oyen, incluso, proyectos de
sintetizadores, los primeros que llegan a América Latina
que, en realidad, son osciladores de frecuencias que se pueden
variar levemente. Usan toda la tecnología disponible
en Buenos Aires. Aunque, quizás, lo más interesante
está dado por la composición, en la cual se
aprecian rítmicas típicas de la cueca o el folclor
nortino, pero incorporadas a este nuevo sonido.
“El disco salió unas semanas antes del golpe
militar. En realidad, pasaron tantas cosas que el LP pasó
como otra locura más”, reflexionaría Gatti
décadas después. “Además cuando
salió, habíamos decidido en Buenos Aires que
el grupo se terminaba”.
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