REY SIN CORONA

Las Joyas de un Rey
o
"King Oliver's Creole Jazz Band: The Complete Set", 1997
"1926-1928. King Oliver", 1996
 

 



 
     
Otro de los nombres menos "conocidos" dentro del universo jazz es nuestro invitado de esta semana. Se trata de King Oliver, uno de los responsables de sacar al naciente jazz de su estado de confusión y entregarlo a las almas de sus sucesores, como Louis Armstrong.


 
     
Si alguna vez creímos que el nacimiento del jazz había sido una cosa de un día, o de generación espontánea, nombres como el de King Oliver nos han servido para caer en la cuenta de nuestro error.

Este extraordinario músico nacido en Nueva Orleans en 1885 fue uno de los llamados a encauzar, a "poner orden" en este nuevo sonido que se forjaba en la ciudad norteamericana. Uno que estaba ligado a la población "negra", fuente de exóticos ritmos y de un espíritu avasallador.Joe Oliver, nombre con el que fue bautizado originalmente, estudió la trompeta con un tal Kenchen, a través de quien percibió el amor por la música.

Fue ese profesor el que lo instaló en su primera orquesta, lo llevó de gira e, involuntariamente, le consiguió una cicatriz (iba a ser su señal característica) en el arco superciliar, a raíz de un asalto.Oliver creció como músico y se integró a la Eagle Band de su ciudad. En una de aquellas noches de jazz se confirió el título de "rey de la trompeta". Su talento era reconocido unánimemente.


El hecho que iba a cambiar su vida de músico, y la de muchos de sus contemporáneos, fue la ley que prohibía los cabarets en la ciudad de Nueva Orleans, sancionada en 1917.
Oliver debió emigrar, entonces, a Chicago, específicamente al barrio denominado South Side (Lado Sur), dominado por la población negra.Allí tocó en bandas como las de Bill Johnson y Lawrence Dewey (1918-1920).

Eran los años locos de Chicago. Época de alcohol, tabaco, mujeres, vodevil y, especialmente, de jazz. Para hacerse una idea del momento, bien vale echarle una mirada a la reciente ganadora del Oscar a la Mejor Película 2002, Chicago, protagonizada por Renee Zellweger y Catherine Zeta-Jones.

Volviendo a Oliver, pronto quiso independizarse y formar su propia banda, para lo que reclutó a Johnny Doods para el clarinete; a Honoré Dutray para el trombón; a Ed Garland para el contrabajo y a Minor Hall para la batería.

Llamada Creole Jazz Band, esta agrupación recibió luego el refuerzo de un grande, el joven trompetista de Nueva Orleans Louis Armstrong, grabando varios discos en los que queda patente la evolución sonora del jazz.

En la música de la Creole predominan los medios tempos (moderatos) y se desarrolla según un contrapunto de tres voces que se entrelazan. Hay una primera trompeta que expone, un clarinete que hace de segunda voz, y una tercera, el trombón, que se limita a los bajos. Una particularidad de la Creole es la existencia de otra trompeta que marca un ligero contracanto al lado de su hermana.

En 1923, Dodds y Armstrong habían abandonado la Creole y Oliver buscaba nuevos músicos. Los encontró en los llamados Syncopators, agrupación con una mayor cantidad de integrantes en la que se demuestra la influencia neoyorquina y el alejamiento de Oliver desde el sonido Orleans.
Es un momento de incertidumbre para Oliver, cuyos mejores años ya habían quedado atrás. Luego de 1928 el intérprete y compositor ya no tendrá una formación estable y entrará por la pequeña puerta de la decadencia. Tras diez años de giras desastrosas, problemas económicos y una enfermedad incurable, Oliver dejó de existir el 10 de abril de 1938. No hubo dinero en su familia ni siquiera el dinero para grabar su tumba.

Atrás había quedado su reinado pasajero el que, sin embargo, sirvió para impulsar la creatividad de toda una generación de músicos blancos en la ciudad de Chicago. Para la historia, su nombre será sinónimo de los primeros intentos por dotar de seriedad y estructura a la música negra norteamericana.

A pesar de tener una capacidad notoriamente menor a muchos otros músicos del jazz, lo anterior nos obliga a mirar -y sobretodo, escuchar- hacia atrás con respeto, admiración, y algo de nostalgia por una época maravillosa para la música. Una en que a muchos de nosotros nos hubiera gustado haber sido jóvenes.

Por Rodrigo Toledo


 
 
 
 

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