El multifácetico

McMaster
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"My goals beyond", 1970
"The inner mountain flame", 1971
"Natural elements", 1977
"Friday Night in San Francisco", 1980
 

 



 
     
Pocos músicos pueden jactarse de haber pasado por tal cantidad de estilos como lo ha hecho McLaughlin. En sus facetas tanto acústica como eléctrica, el músico ha demostrado sus méritos para estar entre los grandes.

 
     

"Creo que mucha música de fusión no es verdadera fusión. Si a un músico lo empujan a tocar cierta clase de música o si siente que debe hacer algo con diferente ritmo para volverse popular, esto va básicamente contra el espíritu de la música y contra el espíritu del jazz: eso es todo". Palabras del señor John McLaughlin, eximio guitarrista oriundo de un pueblito del condado de Yorkshire (1942), que denotan la fortaleza de principios que ha caracterizado a su carrera artística.

Cuando era niño, McLaughlin vivió en un ambiente dominado por la música clásica de Beethoven o Bach, lo que claramente estimuló sus sentidos hacia la interpretación. A los diez años supo que la guitarra era lo suyo. Gran Bretaña vivía una revolución del estilo blues, que se manifestó a través de una generación de estudiantes. McLaughlin se hizo fan de los discos de Muddy Waters, Big Bill Broonzy y Leadbelly.

Durante la adolescencia trató infructuosamente de acercarse a los escenarios, pero sólo lo consiguió a cabalidad cuando tenía 16 años, a través de una gira junto a una banda de jazz, The Ragtime Professors. Sus gustos habían girado un poco y su referente era la guitarra gitana de Django Reindhart (de quien también hablamos en estas páginas).

Su traslado a Londres era inminente, si pensamos que la verdadera escena jazz bullía en la capital. Entre una jam session y otra, McLaughlin se unió a la Graham Bond Organization. El señor Bond se convirtió en un maestro más allá de lo musical, al acercar al artista al pensamiento oriental y la filosofía hindú, cuestiones que lo deslumbraron.
El espíritu inquieto de McLaughlin lo llevó al continente, específicamente a Alemania, para tocar

free jazz junto a Gunter Hampel, en una banda que contaba, entre otros, con Dave Holland y el baterista Tony Oxley.

Fue Holland el mediador entre McLaughlin y el epicentro del jazz, New York. Era un sueño para cualquier músico de jazz llegar a la urbe en que brillaba con luces propias el tremendo Miles Davis. Y, a principios de 1969, McLaughlin compartía un estudio con él, y con Chick Corea, Wayne Shorter, Jack DeJohnette y Gil Evans.

A pesar de contar una oportunidad de seguir junto a Miles, el deseo de hacer lo propio llevó a McLaughlin a seguir junto a Tony Williams. Sin embargo, tuvo que comerse algunas rabias debido a la manera que tenía de funcionar la industria musical en EE.UU. Una decepción para su corazón de artista.

En 1971, McLaughlin decidió hacer una banda a su medida. El baterista Billy Cobham, el violinista Jerry Goodman, el pianista Jan Hammer, y el bajista Rick Laird, formaron, entonces la Orquesta Mahavishnu (nombre ideado por su mentor espiritual del momento, Sri Chinmoy), una de las más grandes agrupaciones del llamado jazz-rock o fusión.

La Mahavishnu tuvo un segundo aire que no alcanzó a conformar del todo a McLaughlin. Éste se volcó al rescate de la música india, a través de la familia Shankar, encabezada por el maestro del sitar, Ravi (padre de la hoy célebre cantante Norah Jones), quienes hicieron las veces de maestros para él.
Sobre la fusión, como leíamos al principio de este artículo, McLaughlin siempre ha sido crítico. Para él, "la fusión debe ocurrir dentro de uno, si no, no se dará en absoluto. Se vuelve tan sólo seudofusión. Y ya hay demasiada seudomúsica", dice McLaughlin. Tan elocuente como con su guitarra.

Por Rodrigo Toledo


 
 
 
 

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