"Creo que mucha música de fusión no
es verdadera fusión. Si a un músico lo empujan
a tocar cierta clase de música o si siente que debe
hacer algo con diferente ritmo para volverse popular, esto
va básicamente contra el espíritu de la música
y contra el espíritu del jazz: eso es todo".
Palabras del señor John McLaughlin, eximio guitarrista
oriundo de un pueblito del condado de Yorkshire (1942),
que denotan la fortaleza de principios que ha caracterizado
a su carrera artística.
Cuando era niño, McLaughlin vivió en un ambiente
dominado por la música clásica de Beethoven
o Bach, lo que claramente estimuló sus sentidos hacia
la interpretación. A los diez años supo que
la guitarra era lo suyo. Gran Bretaña vivía
una revolución del estilo blues, que se manifestó
a través de una generación de estudiantes.
McLaughlin se hizo fan de los discos de Muddy Waters, Big
Bill Broonzy y Leadbelly.
Durante la adolescencia trató infructuosamente de
acercarse a los escenarios, pero sólo lo consiguió
a cabalidad cuando tenía 16 años, a través
de una gira junto a una banda de jazz, The Ragtime Professors.
Sus gustos habían girado un poco y su referente era
la guitarra gitana de Django Reindhart (de quien también
hablamos en estas páginas).
Su traslado a Londres era inminente, si pensamos que la
verdadera escena jazz bullía en la capital. Entre
una jam session y otra, McLaughlin se unió a la Graham
Bond Organization. El señor Bond se convirtió
en un maestro más allá de lo musical, al acercar
al artista al pensamiento oriental y la filosofía
hindú, cuestiones que lo deslumbraron.
El espíritu inquieto de McLaughlin lo llevó
al continente, específicamente a Alemania, para tocar
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free jazz junto a Gunter Hampel, en una banda que contaba,
entre otros, con Dave Holland y el baterista Tony Oxley.
Fue Holland el mediador entre McLaughlin y el epicentro del
jazz, New York. Era un sueño para cualquier músico
de jazz llegar a la urbe en que brillaba con luces propias
el tremendo Miles Davis. Y, a principios de 1969, McLaughlin
compartía un estudio con él, y con Chick Corea,
Wayne Shorter, Jack DeJohnette y Gil Evans.
A pesar de contar una oportunidad de seguir junto a Miles,
el deseo de hacer lo propio llevó a McLaughlin a seguir
junto a Tony Williams. Sin embargo, tuvo que comerse algunas
rabias debido a la manera que tenía de funcionar la
industria musical en EE.UU. Una decepción para su corazón
de artista.
En 1971, McLaughlin decidió hacer una banda a su medida.
El baterista Billy Cobham, el violinista Jerry Goodman, el
pianista Jan Hammer, y el bajista Rick Laird, formaron, entonces
la Orquesta Mahavishnu (nombre ideado por su mentor espiritual
del momento, Sri Chinmoy), una de las más grandes agrupaciones
del llamado jazz-rock o fusión.
La Mahavishnu tuvo un segundo aire que no alcanzó
a conformar del todo a McLaughlin. Éste se volcó
al rescate de la música india, a través de la
familia Shankar, encabezada por el maestro del sitar, Ravi
(padre de la hoy célebre cantante Norah Jones), quienes
hicieron las veces de maestros para él.
Sobre la fusión, como leíamos al principio de
este artículo, McLaughlin siempre ha sido crítico.
Para él, "la fusión debe ocurrir dentro
de uno, si no, no se dará en absoluto. Se vuelve tan
sólo seudofusión. Y ya hay demasiada seudomúsica",
dice McLaughlin. Tan elocuente como con su guitarra.
Por Rodrigo Toledo
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