Hay una imagen reciente de Iggy Pop que permanece latente
en las retinas de nuestra generación (la de los veintitantos)
y es esa del video de “Lust for life” para la
película “Trainspotting” (1996), un verdadero
manifiesto del director británico Danny Boyle. Allí
aparecía un Iggy famélico, delirante, con
la piel marcada por el paso de los años, pero aún
vital y energético.
Nadie mejor que el señor Pop podía representar
el espíritu de una cinta acerca de una juventud desencantada,
sin un destino claro, refugiada en el placer y evasión
de las drogas duras. Iggy lo había vivido, y con
creces, durante sus años de rebeldía y música.
“Mi ambición es hacer mejor música,
vivir en paz y luego morir. Escucha mi jodido disco porque
es muy bueno. Cuando actúe cerca de tu ciudad, ven
a verme, porque aquello será lo mismo, pero más”,
dijo el cantante una vez. Y sus palabras reflejan toda la
consecuencia de alguien que, haciendo lo suyo, encontró
siempre la polémica, el choque.
James Newell Osterberg tocaba batería desde los
cinco años de edad y era el hijo de la pareja americana
más común y corriente que pudiera imaginarse.
Junto a su padre, profesor, y su madre, secreataria vivían
en un humilde remolque en la localidad de Coachville. El
pequeño James había nacido el 21 de abril
de 1947 en Muskegan, Michigan, y a los ocho años,
tras escuchar a Frank Sinatra, decidía que cantar
era lo suyo.
Estando en el colegio formó su primer grupo: Iguanas.
Con un single editado en el verano de 1965 consiguieron
una actuación en el norte de Michigan, en un local
llamado Ponytail Club. Por cinco actuaciones de cuarenta
y cinco minutos cada noche, con quince minutos de descanso
entre cada actuación, durante seis noches a la semana,
en una cabaña con agua fría, cinco colchones
en el suelo y un mísero enchufe, recibieron cincuenta
dólares semanales.
Con el pelo largo y varios líos policiales a cuestas,
fue echado de ese trabajo. Fue a la Universidad de Michigan,
pero la abandonó en 1966. Junto a un grupo de blues
llamado Prime Movers empezó a tocar por bares de
Detroit y Chicago.
En 1967 se “encontró” con un par de
tipos en una esquina y fundó The Psychedelic Stooges
Un nombre tomado de la serie de televisión The three
stooges (“Los tres chiflados”). Ninguno sabía
tocar y armaban sus canciones sobre la base de un solo acorde
y un ritmo, a los que se unían las distorsiones de
los amplificadores. Según Iggy, “tenía
que doparlos para que tocaran”. Su primera actuación
fue en una fiesta de Halloween, ese mismo año. Eran
tres: Ron Asheton tocaba el bajo, Scott Asheton la batería
con un barril de aceite, e Iggy sentado con una guitarra
hawaiana con todas las cuerdas colocadas en el mismo acorde.
Muchos se aburrieron y se fueron. En marzo del año
siguiente se suma Dave Alexander como bajista y Ron Asheton
asume la guitarra.
The Stooges editaron tres discos. Para el debut, entraron
en el estudio con John Cale, uno de los cerebros de la Velvet
Underground, y consiguieron uno de los trabajos más
influyentes de la historia del rock, titulado simplemente
con el nombre del grupo. “Fun House” (1970)
y “Raw Power” (1973) completan una trilogía
espectacular, que bastó al cuarteto para trascender
en la música.
|
En la época del “Raw
Power” (disco remezclado por David Bowie), las locuras
de Iggy en el escenario y las reacciones del público,
hacían que cada concierto pudiese ser el último.
Con Iggy autolesionándose el cuerpo con cristales rotos,
nada podía terminar bien. Los problemas con la heroína
no disminuían, y se convirtieron en el motivo de la
disolución definitiva de la banda, en 1974.
En marzo del 75, registra nueve canciones junto a James Williamson
ex Stooge, con dinero del periodista Bob Edmonds y del compositor
Jim Webb. “Kill City”, es la consecuencia de este
trabajo, un disco gestado mientras Iggy se encontraba hospitalizado
voluntariamente por su adicción. En ese intertanto,
sólo David Bowie iba a visitarle, y se incorporaba
a las grabaciones los fines de semana, cuando le daban salida.
En el 77, Bowie lo ayuda en su nueva placa, “The Idiot”,
que contenía “China Girl”, una canción
que iba a hacer famosa el Duque Blanco varios años
más tarde. Terminada la gira, Iggy y Bowie, se tomaron
unas cortas vacaciones en Japón y grabaron en Berlín
las canciones de "Lust for life", el siguiente disco
de Iggy Pop. Con él se terminó su vínculo
con RCA y se unió a Arista, para lanzar “New
Values”, en cuya gira fue acompañado por Glen
Matlock (ex Sex Pistols) en el bajo.
En “Soldier” (1980) reaparece Bowie, con quien
coescribe “Play it Safe”. Su último disco
para Arista fue “Party” (1981); “Zombie
Birdhouse” (1982) sale bajo la etiqueta independiente
Animal.
Con A&M, compañía a la que arribó
gracias a las gestiones de David Bowie, Iggy editó
“Blah blah blah” (1986) y también su sucesor,
“Instinct” (1988). Pero el éxito regresaría
de la mano de “Brick by brick”, un excelente disco
en el cual se encuentra “Candy”, cantado a dúo
con Kate Pierson, de The B-52's. Su carrera ya estaba en manos
de Virgin, donde continúa hasta el día de hoy.
Tres años después, en 1993, Iggy reaparece
con "American Caesar", un disco en el que aparece
"Beside you", una canción que surge de la
insistencia del sello: “Esto es un jodido disco artístico.
No hay hits en tu jodido disco. Vuelve al estudio”,
dice Pop que le espetaron aquella vez..
En 1996, aparece "Naughty little doggie", un disco
que tuvo muy poca repercusión a pesar de ser un buen
material. Por último, en 1999, Iggy publica su cuarto
disco bajo el sello Virgin, llamado “Avenue B”.
Un trabajo definido como autobiográfico, y sobre todo,
un excelente disco.
Por cierto que Iggy está hoy en una etapa distinta,
más reposada, cuando ya ha dejado atrás los
años de excesos. Está, aparentemente rehabilitado
y ha sido, por fin, objeto del homenaje de varias generaciones
influenciadas por su música y, sobre todas las cosas,
por su actitud. Es lo que menos se merece uno de los pioneros
de algo llamado punk, y uno de los que ayudó a remecer
a una sociedad conservadora, necesitada de estímulos.
|