Una en un millón

Discografía Esencial
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Jazz Live & Rare
Billie Holiday-Inmortal Sessions
Storyville
The First Verve Sessions
Lady in Satin
Too Hot for words
The Most Important Recordings of Lester Young
 
 

 
     
Billie “Lady Day” Holiday marcó un hito dentro del desarrollo del jazz y el blues. Su forma de interpretar, de sentir, ha seguido influenciando a las vocalistas del estilo hasta el día de hoy. Como la mayoría de los grandes artistas, el sufrimiento no estuvo ausente de su vida.

 
     

Fats Weller, célebre pianista de ragtime (estilo que marcó el nacimiento del jazz) en la Nueva York de los años veinte, dijo una vez: “En el jazz no tiene tanta importancia el qué, sino el cómo”. Billie Holiday fue la viva encarnación de esta frase y llevó a su grado cúlmine la improvisación en el canto de la música jazz y blues.

La historia del canto de blues interpretado por mujeres es más tardía que la del canto masculino. No se tienen datos de cantantes femeninas de la “prehistoria” del estilo. En el sencillo mundo del blues rural reina el hombre: la mujer es objeto. Esto cambia desde el minuto en que el blues penetra en las grandes ciudades estadounidenses del norte. Es el inicio de la gran era del blues clásico, con Ma Rainey y Bessie Smith.

Las canciones que las cantantes de la época del “song” (una forma más emparentada con la canción popular, en los años 30) cantaban, eran y son las baladas de la llamada música comercial. Melodías de autores como Cole Porter, Jerome Kern, Irving Berlin, George Gershwin, pero todas cantadas en la dicción y fraseo típico del jazz.

La improvisación, entonces, se hacía mucho más difícil. Quedaba aferrada a los circunloquios, los intercambios, los cambios de lugar y las alteraciones de la armonía. Era un espacio para el talento, ése que sólo una mujer poseía.


Genialidad y decadencia

El abuelo de Billie Holiday era uno de los diecisiete hijos de una esclava negra de Virginia y el irlandés dueño de la plantación en la que trabajaba. Su madre tenía sólo trece años cuando la dio a luz. Quien iba a ser llamada “Lady Day”, escuchó por primera vez la música de Louis Armstrong y Bessie Smith en una Victrola, en la casa de “encuentros” de Baltimore en la que trabajaba haciendo, literalmente, de todo.

Billie hizo su debut como cantante en los oscuros nightclubs de Harlem (tomando su nombre artístico de la estrella de la pantalla, Billie Dove). Antes de iniciar una carrera solista, hizo presentaciones y giras con Count Basie y Artie Shaw. Benny Goodman “arrastró” a la asustada cantante a su primera sesión de estudio. Entre 1933 y 1944, ella registró 200 "sides" (los singles de hoy), pero ella nunca recibió dinero por los derechos de alguno de ellos.

Durante muchas de esas primeras presentaciones tuvo que utilizar las entradas para el personal, cuando a sus compañeros blancos se les permitía pasar por la entrada principal. La enviaban a hoteluchos de mala muerte, mientras la orquesta se alojaba en lujosos hoteles exclusivos para blancos. Muchas veces tuvo que comer aparte de ellos. Ella creía que debía soportarlo para sentar un precedente. Pero a veces no tenía la energía suficiente para soportarlo. Ahí es cuando aparece la heroína, según cuentan sus cercanos.

Billie Holiday cantó blues en contadas ocasiones, pero su forma de frasear le dio atmósfera de blues a casi todo lo que cantó. Su voz sensible, cultivada y flexible, su manera de cantar, tiene la elasticidad del saxo tenor de Lester Young, con el que grabó sus temas mejor logrados. Billie fue la primera artista del jazz en cuya música fue clara la influencia del saxofón como estilo y técnica. Debido a su obra, el jazz moderno tuvo su origen en el ámbito de la canción y no en el campo de algún instrumento.

Técnicamente, supo descubrir y aprovechar las diferencias entre una cantante con y sin micrófono, creando así sutilezas importantes que habían sido desconocidas de todo cantante hasta ese momento y, en realidad, habrían sido innecesarias, porque no se hubieran oído.

Casi veinte años de drogadicción y alcoholismo fueron sellando su existencia, llena de calamidades, durante la cual la prostitución, el desamor, el racismo y la cárcel se hicieron una cosa común.

En los últimos años su voz no era más que una sombra comparada con sus viejos tiempos de gloria. Su canto carecía de brillo, encanto y elasticidad. Sin embargo, y esta es otra de las características que la hicieron tan especial, su magnetismo permanecía intacto. Sin atributos materiales y técnicos que exhibir, seguía siendo una tremenda artista en la creatividad y la expresión.

En esa época es cuando los ejecutivos de Columbia ponen a su entera disposición, en 1958, la orquesta de Ray Ellis. Esto permitió la señorita Holiday grabar uno de sus álbumes más inmortales: “Lady in satin”. Tenía 43 años, y este proyecto por algún tiempo le devolvió a los ejecutivos de la casa discográfica la esperanza de contar otra vez con la artista, sin embargo, su situación de salud no tenía regreso.

Una anécdota en la autobigrafía de Miles Davis cuenta que, meses después del éxito de la placa, tuvo un encuentro con “Lady Day” en el Birdland de la gran manzana. Ella le pidió dinero para comprar heroína y Davis le entregó lo que andaba trayendo, cien dólares. Con tristeza, el trompetista relataba que nunca la había visto tan flaca y demacrada. Sus días estaban contados.

El 17 de julio de 1959, en la misma cama del Metropolitan Hospital de Nueva York que ya gravemente enferma había ocupado algunos meses atrás, Billie Holiday vio como se le escapaba la vida a causa de una neumonía. Su adicción a las drogas duras, común entre los artistas de la época, había sido más fuerte.


 
 
 
 

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