"Hermanita, ven conmigo!!...donde no hay sufrimiento!!",
chillaba Frank Black cuando era el vocalista, guitarrista
y líder de los Pixies. Se vivían los últimos
estertores de la década de los ochenta, años
dominados por el plástico y los sintetizadores, en
que las guitarras desafinadas y los gritos del punk habían
sido desterrados.
Pocas bandas lograban sorprender, o remecer el ambiente
con alguna propuesta nueva e interesante hasta que aparecieron
los Pixies, uno de los grupos más influyentes de
los últimos 25 años. Su líder era un
"rellenito" músico llamado Charles Kitteridge
Thompson, un nombre que pocos recordarían, en beneficio
de su alter ego: Black Francis.
Francis compartía un departamento con el guitarrista
Joey Santiago, a quien propuso formar un grupo. Al poco
tiempo publicaban un aviso para reclutar bajista "Con
influencias desde Husker Du hasta Peter, Paul & Mary".
A la convocatoria responde Kim Deal, una chica de bastante
experiencia en bandas de "garage" de la escena
independiente bostoniana. David Lovering en la batería
completaría el cuarteto más explosivo que
se pudiera imaginar.
Un ep y cuatro discos bastaron para que Black Francis y
cía fundaran el concepto de "rock alternativo",
mucho antes de que Nirvana lo popularizara. Es más,
el propio Kurt Cobain se declaraba fanático de la
banda. Es que el sonido que lograron plasmar es tan único
que no dejaba indiferente. Parecían haber alcanzado
la conciencia sobre la época que vivían mucho
antes que otros. Las canciones, con letras acerca de todos
los temas conocidos: religión, sexo, deporte, cultura
popular, no eran más que una excelente banda sonora
para el boom de la posmodernidad. En español, inglés
o spanglish, los Pixies eran de temer.
Una placa por año: "Come on Pilgrim" (1987),
"Surfer Rosa" (1988), "Doolittle" (1989),
"Bossanova" (1990) y "Trompe le monde"
(1991), y una ruptura nebulosa pueden resumir la breve historia
de los Pixies. Tras dar vuelta esa página, Francis
enterró a su personaje bajo un nuevo alter ego: Frank
Black. Y así se iba a llamar su disco debut, de 1993.
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Musicalmente era algo totalmente
distinto a su pasado. "Frank Black" se acercaba
más a una buena experiencia pop que a la experimentación
de antaño. Al disco le fue bien en el Reino Unido,
y su single "Hang on to your ego" fue un "pequeño
hit" radial.
"Teenage of the year", disco de 1994, no entusiasma
demasiado a la crítica, pero mantiene al artista en
su expectante lugar dentro de la escena indie. Black decide
volcarse a su performance en vivo y sorprende con dos grabaciones:
"Black Session" (1995) y "The John Peel Sessions"
(1995), ambas producto de presentaciones radiales. En la segunda,
Black se hizo acompañar por los músicos de Teenage
Funclub.
Entonces culmina su vínculo con la etiqueta independiente
4AD y comienza su relación con American Recordings,
donde estrena "The cult of Ray" (1996) que, de alguna
forma, retrocede hacia sus días punk.
El adiposo y excéntrico Black necesitaba la compañía
de una banda permanente y la encontró en The Catholics,
con quienes ha editado tres discos hasta el momento: "Frank
Black and the Catholics" (1998), "Pistolero"
(1999) y "Dog in the sand" (2001).
Por estos días se espera la aparición de dos
nuevos álbumes del cantante ahora amante del bajo perfil.
Black, pese a su enorme talento, nunca consolidó una
carrera en solitario como hicieron otros en casos similares:
Ozzy Osbourne, Morrissey. Estuvo en la frontera hacia la pérdida
de la credibilidad y también salió a flote.
Sus fanáticos lo sacaron, más bien. No se merecía
menos, después de haber sido el pionero de una década
de música "distinta" y de haber recuperado
el concepto de "honestidad artística", cuando
se encontraba perdido en el fango de la superficialidad.
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