lA MÚSICA DESDE LA CUNA A LA TUMBA

 

 
     
Casi 40 años de carrera, descrito como dios de la guitarra, estrella del pop, purista del blues y sin duda uno de los músicos más importantes del siglo: Eric Clapton definitivamente suena a realeza. Su pedigree de "grande" nunca ha sido puesto en duda, pero sus tumultuosos años como artista es una experiencia que no muchos querrían vivir, Clapton ha sufrido como pocos. Todo tipo de tragedias lo han convertido en un sobreviviente, en rigor ha perdido muchas cosas en la vida, derrotado por las circunstancias, pero nunca aniquilado. Un ser humano digno del sitial que ocupa en el gran mundo de los artistas rock.

 
     

Eric Clapton es un tipo que tiene el blues, pero se siente privilegiado por ello. Un músico que ha disfrutado de una larga y prolífica carrera, con momentos de sublime esplendor y otros de oscuridad absoluta -ambos habiendo sido escrupulosamente documentados por los medios. Se entiende, el mundo del show-biz siempre ha estado ansioso de construir -y derruir- el mito de Dios, al tiempo de penetrar también en la torre de marfil de su popularidad. Es un caso único, Clapton ha sido tildado de Dios, adicto, desgraciado, príncipe de la moda, superstar, mega-ventas. Todo a la vez y lo que hoy en el 2001 queda claro es que el guitarrista ha superado los fantasmas de su problemático pasado a fuerza de una férrea voluntad: sobrevivir. A las modas, las tendencias musicales, las generaciones, los años, el desgaste, la presión y las crisis. Aunque aquí nos enfrascaremos en un recorrido por los años que han construido la leyenda es digno de hacer notar -solo para empezar- que este británico se ha dedicado en los '90 a cubrir con éxito casi todas las bases de la música del alma, el rock, soul, R&B, pop y blues. Su guitarra ha sido incluso puesta al servicio de la experiencia del rock con orquesta sinfónica y al mismo tiempo una marca imborrable en la masificación del concepto del Unplugged.

Y lo que ha estado en la cabeza del artista estos últimos años, que lo han visto publicar discos como el From The Cradle, Ridin' With The King (con BB King) y el Reptile, es el esfuerzo conciente de volver a las raíces, ya sea las del rock-pop contando con viejos aliados como JJ Cale, aunque bien lo sabemos que es el blues el que lo ha elevado a las alturas en que se encuentra hoy día. Como virtuoso guitarrista y sentido vocalista, Eric Clapton ha definido solo el rock blues blanco. Nos atreveríamos a decir que su labor estos últimos años ha sido una de amor, un proyecto que lo vuelve a tener ocupado en el trabajo más sublime de un artista que tiene algo que entregar, enfrentarse a su público para iniciar una gira mundial que lo obliga a repasar toda su extensa carrera. Y no es fácil asumir tanto trabajo y desgaste cuando el hombre supera largamente los 50 años.

Tanto el 2000, como el año en curso, han sido períodos de reconocimiento para Clapton por discos que resumen su esencia. Riding with The King llegó a ganar un Grammy el pasado mes de marzo y lo reunió con el Rey del Blues -por mucho que el haya aparecido como el chofer de BB King, es un amigo, un par del mismo en la realeza de la música. Y Reptile tiene todo que ver con su pasado, sobretodo el familiar, de donde fue que pasó su infancia, sus raíces que se localizan -más allá de lo puramente musical- en donde nació y solía pasar el tiempo. Bueno, de la música que soñaba en hacer incluso en aquel tiempo. Porque Clapton fue de niño -previo a su educación casi religiosa en música de negros afroamericanos- un enamorado de Elvis Presley y Buddy Holly, de la guitarra de rock n' roll de los blancos americanos y esto lo llevó a querer tocar en primer lugar. Y siendo un joven que incluso accedió a estudios más allá de la secundaria, su verdadera educación fue el blues. Freddie King le voló la cabeza y supo que era ahí a donde pertenecía, el blues con ritmo pero que al mismo tiempo era algo serio sobretodo en la interpretación de la guitarra propiamente dicha, nada de extraño considerando que Freddie King se concentraba en el instrumento al punto de casi no cantar, dándole una importancia única al sentido de la voz que podía sugerirse con la guitarra -más encima eléctrica.

Pero Eric Clapton también tiene hasta el día de hoy una base fundamental en el blues más rural, mucho de Sonny Terry, Brownie McGhee y Big Bill Broonzy y la forma en que los escuchó fue casi científica. Primero supo que eran intérpretes negros que vivían en el sur de EE.UU. y por tanto su educación partió por entender la relación entre la geografía, la historia y la música. Aunque sabemos que Clapton estaba estudiando arte en un instituto, fue el blues el que de verdad le interesó estudiar a tiempo completo. Desde los 15 a los 25, las raíces del blues, las diferencias regionales, la cronología fueron objeto de un exhaustivo estudio para él, eso era apasionamiento por el tema. Cuando Clapton se dio cuenta de que otra gente mostraba interés por esto en Inglaterra fue cuando se iluminó: podía dedicarse a hacer eso, ganarse la vida tocando con autoridad, la del aficionado y entendido en la materia.
Clapton empezó a tocar el blues con tal intensidad que de verdad sentía que lo hacía para salvar al mundo, por eso nada de extraño que se le proclamará "Dios" en los graffitis que empezaron a aparecer en todas las calles de Londres para la época en que tocaba en los Bluesbreakers de John Mayall. Era uno de esos artistas terriblemente obsesivos en lo de su materia. Y sus prejuicios eran grandes, sentía que los demás tocaban para aparecer en el Top Of The Pops, en TV y hacerse famosos por razones tramposas. Eric pensaba en esos años que lo suyo era una misión, lo que le infló la cabeza y el ego de manera desproporcionada, convirtiéndose en un personaje conocido por su arrogancia y no un tipo de esos fáciles de abordar. Experiencias como las de haber tocado con Muddy Waters lo asustaron y al mismo tiempo lo deslumbraron, el jefe de Chicago había traído lo que el intuía era el verdadero blues rock, la guitarra eléctrica en vez de la acústica. Recordemos que Broonzy, McGhee y Terry habían hecho giras por Europa haciendo el blues conocido en su vertiente más country folk y primitiva, un tiempo en que parecía que si tocabas con guitarra eléctrica eras un vendido. Pero para Clapton lo de Waters no era novedad, lo conocían los puristas de Chicago pero en Inglaterra la aceptación no era tan grande, mucha ignorancia al respecto que Eric detestaba sabiendo que el futuro del blues estaba en su esencia de rock. Con Muddy Waters llegó para él un "alumbramiento" de cómo era estar frente a un hombre de verdad, no un niño que intenta emular los licks más comunes del blues.

Agradecido de la oportunidad de conocer en persona a gentes como Waters y Sonny Boy Williamson, Clapton fue quemando etapas demasiado rápido, The Yardbirds (de quienes se alejó en el primer momento en el que sintió que se estaban ablandando), Bluesbreakers y luego apenas un año y medio con Cream. Un período que hizo historia porque Eric hacía blues rock y se lo iba a ofrecer "a la carta" al público americano, pero Cream no era Clapton solista y en aquel momento ese era un problema, Cream no terminó siendo lo que Clapton quería, se suponía que era un power trío de blues, pero Jack Bruce y Ginger Baker también tenían su decir al respecto de varias cosas en la banda. Extrañamente Cream pasaron por cuasi progresivos en aquel momento de la historia, poniendo a Clapton como instrumentista en una santísima trinidad que también conformaban otros dos norteamericanos, Frank Zappa y Jimi Hendrix.

 

 

Por Alfredo Lewin.


 
 
 
 

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