Más allá de las gaitas y las faldas, Escocia
-y en general todo el territorio de las islas británicas-
tiene una tradición "folkie" que se remonta
bastantes años atrás, y que salió a
flote con la explosión de los "songwriters"
en Estados Unidos.
Por eso cuando se habla del escocés Donovan (Donovan
Leitch), se lo tilda de la "respuesta británica"
a Bob Dylan. Y por eso mismo su historia, su música
y su aporte no son tan conocidos por el gran público.
Donovan nació el 10 de febrero de 1943 en Glasgow
y a los diecinueve años ya estaba editando su primer
disco, el exitoso (en el Reino Unido) "Catch the wind".
Con un estilo que fusionaba el folk escocés con
una incipiente sicodelia (sobretodo presente en sus letras
y actitud), este "songwriter" ha sido histórica
-e injustamente- subvalorado. Su preocupación, es
cierto, no era la política ni la cuestión
social, y tal vez por eso mismo fue mirado en menos por
sus "colegas" del otro lado del Atlántico.
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Por
suerte, sí fue profeta en su tierra, e influyó
notoriamente en toda una generación de músicos
británicos, como Marc Bolan (T-Rex), Syd Barrett (Pink
Floyd) o el irlandés Van Morrison.
A fines de 1965, Donovan se unió al manager Allen
Klein, y al ex productor de los Animals, Mickie Most, ambos
"culpables", en cierta medida, de que el hombre
de la tierra del whisky se volcara definitivamente al pop
sicodélico.
Entre 1965 y 1969, Donovan registró una serie de hits
que pertenecen a historia del rock británico. Allí
estaban "Sunshine Superman", "Hurdy Gurdy Man"
(acompañado de Jeff Beck) y "Mellow Yellow".
Ya en los setenta, la popularidad
de Donovan disminuyó dramáticamente. Su nombre
desapareció del mapa, y sólo aparecía
cada vez que algún nuevo músico lo mencionaba
como una de sus referencias.
A pesar de ho haber fallecido, Donovan permanece todavía
en la misma situación. Ocasionalmente toma la guitarra
y se sube a un escenario para recordar y, a veces, ser homenajeado.
Algo que, quiéranlo o no, se merece con creces.
Por Alejandro Martínez
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