LOVE AND THEFT

 
 

 
     
El gran juglar del rock regresa tras lo que fue su obra maestra de 1997, "Time Out Of Mind", placa con al que aprendí a apreciarlo y definitivamente me decidí a internarme en su extensa carrera discográfica.

 
     

Porque llegue algo tarde, este "Love and Theft" es su disco #43, pero más importante el sucesor de un disco oscuro, moderno en su tratamiento del country electrificado y el blues-rock psicodélico, una obra que por lo demás fue aclamada por la crítica que de verdad puede hablar con autoridad del poeta del rock. Y sin embargo en 5 años me he compenetrado en su música y obra creativa -sobretodo lo notable e imprescindible como el "Highway 61 Revisited" o el "Blonde on Blonde"- y he tenido tiempo de sobra para ponerme al día con lo verdaderamente relevante del maestro... y disfrutarlo.

"Love and Theft" es sorpresivo, el tipo no se anda con cuentos y lo que menos quiere es contar ese de "sonar predecible". Dentro de su poesía y planes para reinventarse siempre habían figurado las ideas (cercanas a las de Tom Waits) de renacer como un hombre de otra era. En el 2001 hace seriamente canciones de vaudeville (algo como onda Moulin Rouge), ragtime, rockabilly y rock n' roll onda '50. Oldies, en definitiva -aunque siempre hay espacio para el country, el blues profundo y una nueva vertiente, la música lounge atmosférica. Con esta "sorpresa" en el 2001 Dylan no puede escandalizar como lo hacía en los '60, la gente en EE.UU. lo mira como a una vaca sagrada y le puede permitir que haga lo que quiera. Y si se lo merece, aplaudirlo a rabiar.

El hecho es que no creo que quede Bob Dylan para rato así que tratemos de disfrutarlo con todo. Lo difícil -para un novato en la cosmogonía Dylaniana- es como abordarlo, en que estado de ánimo te podría producir un efecto vital. Porque de que Dylan (incluyendo "Love and Theft") es recomendable, ciertamente lo es. El primer gran paso es importante y puede ser este, junto a "Time Out Of Mind", solo para que aprecien la radical diferencia entre ambos y como puede ser de "jugado" un tipo de 60 años. Antes de aburrirse estoy seguro de que Dylan se retiraría.

Los dos primeros temas, 'Tweedle Dee & Tweedle Dum' y 'Mississipi' -especialmente este segundo track- son notables, no se porqué, es antojadizo pero a mí me produce una sensación de que la poética de Dylan fuera el equivalente al William Faulkner (literatura) en el rock. Una voz en primer plano, aguardentosa y las letras confesionales que han sido lo usual de Dylan en estos días. Las malogradas relaciones de pareja relatadas con una lírica que si puedes entender hace sentir identificado a cualquiera. Luego el rockabilly & roll del single 'Summer Days', un tema apurado y festivo. 'Bye and Bye' suena como una parodia, una especie de re-visita a un Blue Moon, onda '50, swing jazzy que sugiere el aura de un EE.UU. que se fue hace medio siglo, el que vió crecer al entonces Robert Zimmerman en Minessota. Recuerden algo, que aprendí en unos versos de Let There Be Rock de AC/DC, en los '40 los blancos tenían el schmaltz y los negros tenían el blues. Desde ahí solo fue dejar que hubiese rock.

El hecho es que no creo que quede Bob Dylan para rato así que tratemos de disfrutarlo con todo. Lo difícil -para un novato en la cosmogonía Dylaniana- es como abordarlo, en que estado de ánimo te podría producir un efecto vital. Porque de que Dylan (incluyendo "Love and Theft") es recomendable, ciertamente lo es.

El primer gran paso es importante y puede ser este, junto a "Time Out Of Mind", solo para que aprecien la radical diferencia entre ambos y como puede ser de "jugado" un tipo de 60 años. Antes de aburrirse estoy seguro de que Dylan se retiraría.

Los dos primeros temas, 'Tweedle Dee & Tweedle Dum' y 'Mississipi' -especialmente este segundo track- son notables, no se porqué, es antojadizo pero a mí me produce una sensación de que la poética de Dylan fuera el equivalente al William Faulkner (literatura) en el rock. Una voz en primer plano, aguardentosa y las letras confesionales que han sido lo usual de Dylan en estos días. Las malogradas relaciones de pareja relatadas con una lírica que si puedes entender hace sentir identificado a cualquiera. Luego el rockabilly & roll del single 'Summer Days', un tema apurado y festivo. 'Bye and Bye' suena como una parodia, una especie de re-visita a un Blue Moon, onda '50, swing jazzy que sugiere el aura de un EE.UU. que se fue hace medio siglo, el que vió crecer al entonces Robert Zimmerman en Minessota. Recuerden algo, que aprendí en unos versos de Let There Be Rock de AC/DC, en los '40 los blancos tenían el schmaltz y los negros tenían el blues. Desde ahí solo fue dejar que hubiese rock.

estandarte quién aún se siente con cosas relevantes para contar. ¿A quienes? A una América gastada, nostalgia sarcástica de un pasado que no fue mejor en todo caso. Tanto 'Floater' -contando con banjo y violín- como 'Moonlight' parecieran haber sido grabadas (de nuevo) en la década de los '40, algo como la era de oro de Dean Martin o Frank Sinatra. Así como 'High Water', que está dedicada al ícono del delta country blues Charlie Patton, es uno de los puntos altos ya que es arrastrada y profunda, creciendo con argumentos netamente acústicos, incluyendo acordeones y banjos. Me recuerda algo a lo que John Hammond junto a Tom Waits hicieron el 2001 bajo el nombre de "Wicked Grin".

Un par de temas más para destacar en este disco -que ya me hipnotizó- son la desatada blues rock de 'Honest With Me' y el magistral cierre de una balada que tiene algo de duelo y funeral, llamada Sugar Baby. Aunque los otros dos temas que quedan sonando en la parte trasera de "Love and Theft" son otras joyitas, 'Po'Boy' y 'Cry a While', ambos en sintonía con el resto del disco. Queda claro en algunos versos de Dylan 2001, el futuro está en el pasado, uno que invoca a espíritus de anticuario, cuando el rock todavía no existía, las torcidas raíces del rock n' roll americano -con todo su romance y misterio- llevado a su extremo. Bob Dylan suena en Love and Theft mucho más viejo de lo que realmente es, más que cansado, algo borracho. Más que decepcionado, algo distante. "Love and Theft" es como un sueño, no es una pesadilla densa como "Time Out Of Mind". El título de este álbum bien podría haber sido "Mind Out of Time".

 


Alfredo Lewin


 
 
 
 

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