Porque llegue algo tarde, este "Love
and Theft" es su disco #43, pero más importante
el sucesor de un disco oscuro, moderno en su tratamiento
del country electrificado y el blues-rock psicodélico,
una obra que por lo demás fue aclamada por la crítica
que de verdad puede hablar con autoridad del poeta del rock.
Y sin embargo en 5 años me he compenetrado en su
música y obra creativa -sobretodo lo notable e imprescindible
como el "Highway 61 Revisited" o el "Blonde
on Blonde"- y he tenido tiempo de sobra para ponerme
al día con lo verdaderamente relevante del maestro...
y disfrutarlo.
"Love and Theft" es sorpresivo,
el tipo no se anda con cuentos y lo que menos quiere es
contar ese de "sonar predecible". Dentro de su
poesía y planes para reinventarse siempre habían
figurado las ideas (cercanas a las de Tom Waits) de renacer
como un hombre de otra era. En el 2001 hace seriamente canciones
de vaudeville (algo como onda Moulin Rouge), ragtime, rockabilly
y rock n' roll onda '50. Oldies, en definitiva -aunque siempre
hay espacio para el country, el blues profundo y una nueva
vertiente, la música lounge atmosférica. Con
esta "sorpresa" en el 2001 Dylan no puede escandalizar
como lo hacía en los '60, la gente en EE.UU. lo mira
como a una vaca sagrada y le puede permitir que haga lo
que quiera. Y si se lo merece, aplaudirlo a rabiar.
El hecho es que no creo que quede Bob
Dylan para rato así que tratemos de disfrutarlo con
todo. Lo difícil -para un novato en la cosmogonía
Dylaniana- es como abordarlo, en que estado de ánimo
te podría producir un efecto vital. Porque de que
Dylan (incluyendo "Love and Theft") es recomendable,
ciertamente lo es. El primer gran paso es importante y puede
ser este, junto a "Time Out Of Mind", solo para
que aprecien la radical diferencia entre ambos y como puede
ser de "jugado" un tipo de 60 años. Antes
de aburrirse estoy seguro de que Dylan se retiraría.
Los dos primeros temas, 'Tweedle Dee & Tweedle Dum'
y 'Mississipi' -especialmente este segundo track- son notables,
no se porqué, es antojadizo pero a mí me produce
una sensación de que la poética de Dylan fuera
el equivalente al William Faulkner (literatura) en el rock.
Una voz en primer plano, aguardentosa y las letras confesionales
que han sido lo usual de Dylan en estos días. Las
malogradas relaciones de pareja relatadas con una lírica
que si puedes entender hace sentir identificado a cualquiera.
Luego el rockabilly & roll del single 'Summer Days',
un tema apurado y festivo. 'Bye and Bye' suena como una
parodia, una especie de re-visita a un Blue Moon, onda '50,
swing jazzy que sugiere el aura de un EE.UU. que se fue
hace medio siglo, el que vió crecer al entonces Robert
Zimmerman en Minessota. Recuerden algo, que aprendí
en unos versos de Let There Be Rock de AC/DC, en los '40
los blancos tenían el schmaltz y los negros tenían
el blues. Desde ahí solo fue dejar que hubiese rock.
El hecho es que no creo que quede Bob
Dylan para rato así que tratemos de disfrutarlo con
todo. Lo difícil -para un novato en la cosmogonía
Dylaniana- es como abordarlo, en que estado de ánimo
te podría producir un efecto vital. Porque de que
Dylan (incluyendo "Love and Theft") es recomendable,
ciertamente lo es.
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El primer gran paso es importante y puede ser este, junto
a "Time Out Of Mind", solo para que aprecien la
radical diferencia entre ambos y como puede ser de "jugado"
un tipo de 60 años. Antes de aburrirse estoy seguro
de que Dylan se retiraría.
Los dos primeros temas, 'Tweedle Dee & Tweedle Dum' y
'Mississipi' -especialmente este segundo track- son notables,
no se porqué, es antojadizo pero a mí me produce
una sensación de que la poética de Dylan fuera
el equivalente al William Faulkner (literatura) en el rock.
Una voz en primer plano, aguardentosa y las letras confesionales
que han sido lo usual de Dylan en estos días. Las malogradas
relaciones de pareja relatadas con una lírica que si
puedes entender hace sentir identificado a cualquiera. Luego
el rockabilly & roll del single 'Summer Days', un tema
apurado y festivo. 'Bye and Bye' suena como una parodia, una
especie de re-visita a un Blue Moon, onda '50, swing jazzy
que sugiere el aura de un EE.UU. que se fue hace medio siglo,
el que vió crecer al entonces Robert Zimmerman en Minessota.
Recuerden algo, que aprendí en unos versos de Let There
Be Rock de AC/DC, en los '40 los blancos tenían el
schmaltz y los negros tenían el blues. Desde ahí
solo fue dejar que hubiese rock.
estandarte quién aún
se siente con cosas relevantes para contar. ¿A quienes?
A una América gastada, nostalgia sarcástica
de un pasado que no fue mejor en todo caso. Tanto 'Floater'
-contando con banjo y violín- como 'Moonlight' parecieran
haber sido grabadas (de nuevo) en la década de los
'40, algo como la era de oro de Dean Martin o Frank Sinatra.
Así como 'High Water', que está dedicada al
ícono del delta country blues Charlie Patton, es uno
de los puntos altos ya que es arrastrada y profunda, creciendo
con argumentos netamente acústicos, incluyendo acordeones
y banjos. Me recuerda algo a lo que John Hammond junto a Tom
Waits hicieron el 2001 bajo el nombre de "Wicked Grin".
Un par
de temas más para destacar en este disco -que ya me
hipnotizó- son la desatada blues rock de 'Honest With
Me' y el magistral cierre de una balada que tiene algo de
duelo y funeral, llamada Sugar Baby. Aunque los otros dos
temas que quedan sonando en la parte trasera de "Love
and Theft" son otras joyitas, 'Po'Boy' y 'Cry a While',
ambos en sintonía con el resto del disco. Queda claro
en algunos versos de Dylan 2001, el futuro está en
el pasado, uno que invoca a espíritus de anticuario,
cuando el rock todavía no existía, las torcidas
raíces del rock n' roll americano -con todo su romance
y misterio- llevado a su extremo. Bob Dylan suena en Love
and Theft mucho más viejo de lo que realmente es, más
que cansado, algo borracho. Más que decepcionado, algo
distante. "Love and Theft" es como un sueño,
no es una pesadilla densa como "Time Out Of Mind".
El título de este álbum bien podría haber
sido "Mind Out of Time".
Alfredo Lewin
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