"Para los angloparlantes el piélago llamado
Islandia es "Iceland", palabra cuya traducción
literal es "tierra del hielo". Y no es nada gratuito,
pues esta isla-país de alrededor de 272 mil habitantes
reina el invierno durante los doce meses del año.
A pesar de ser la segunda isla más grande de Europa
-tras la Gran Bretaña-, la distancia la mantenía
en un aislamiento cultural que se ha roto solamente en los
últimos quince a veinte años.
Una de las principales razones ha sido la irrupción
de sus artistas en el escenario mundial.
La más importante, la de una mujer bautizada como
Bjork Gudmundsdottir. Nacida en la capital de Islandia,
Reykjavik, el 21 de noviembre de 1965, esta verdadera "diva
de nuestra posmodernidad" es la mayor -y mejor- embajadora
de su tierra en el mundo, aparte de su calidad de artista
completa, que se ganó con su debut en el cine.
Sí, pues con su actuación en la película
de Lars Von Trier, "Bailarina en la oscuridad",
Bjork alcanzó el punto más alto de su carrera
artística, al ser elegida la mejor actriz en el Festival
de Cine de Berlín. Si ya lo había hecho casi
todo en la música (está claro que le queda
harto hilo en el carrete), el hecho de debutar en el celuloide,
y con éxito, sin duda que la eleva hasta otro status
en el mundo artístico.
Ya de niña -a los seis años- Bjork había
puesto de manifiesto un talento desbordante, cuando aprende
a tocar piano, flauta y a cantar. Sus profesores fueron
los que dieron cuenta de su talento a la radio, a través
de la que llegó a un
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sello y, en consecuencia, a grabar su primer y homónimo
disco, compuesto por canciones tradicionales islandesas. Tenía
11 años.
Durante su adolescencia la cantante se participó en
variados proyectos musicales hasta que, junto a unos amigo,
formó un grupo de pop-rock. Eran los Sugarcubes, con
quienes estuvo desde 1986 hasta 1992, alcanzando a editar
tres discos.
Es que su inquietud creativa le impedía estar anclada
al trabajo colectivo. Lo suyo era indagar en sus propias capacidades,
que no había sido explotadas del todo. Basta escuchar
los dos primeros trabajos de la Bjork solista -"Debut"
(1993) y "Post" (1995)- para darse cuenta de la
acertada decisión de la islandesa. Así también
lo pensó el mundo, el medio y la crítica musical,
que la elogiaron y llenaron de premios hasta decir basta.
Desde entonces ya no tuvo que probarle nada a nadie. Por
el contrario, sus discos se convirtieron en un material indispensable
para los amantes de la música "distinta",
con ánimo de cambio permanente. "Homogenic",
de 1997, nos mostró, por ejemplo, a una Bjork más
reflexiva, casi instrospectiva y mucho más comprometida
con el entorno. Y qué decir de "Vespertine"
(2001) una oda a la melancolía, en el que quizá
sea su trabajo más oscuro. Entre medio, el 2000, se
dio maña de escribir las canciones para "Bailarina
en la oscuridad", las que fueron editadas en un disco
llamado "Selmasongs" (por el nombre de su personaje
en la película.
Vino a Chile en 1998 y se despachó un show solidísimo
e inolvidable, mezcla de lo mejor de lo acústico (incluido
un cuarteto de cuerdas) y lo más intenso de la electrónica.
Una fusión que Bjork ha sabido colorear con sus propios
tintes, y con ese toque sutil de ternura e inocencia que la
hace única. Aunque a muchos no les guste.
Por Rodrigo Toledo
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