Se apagó su voz

Bajo cuerdas
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“I've got so much to give”, 1973
“Can't get enough”, 1974
“Let the music play”, 1976
“Man”, 1978
“The icon is love”, 1994
“The ultimate collection”, 2000
 
 

 
     
El viernes pasado (4 de julio) la música recibió un golpe demasiado fuerte. Una de las voces más trascendentes del soul dejó este mundo para pasar a formar parte de otro plano vital. Su legado estaba más presente que nunca.

 
     

Desde hace casi un año, Barry White había vuelto con fuerza. Y no tanto el mismo como personaje, sino su música, gracias al lanzamiento de un disco recopilatorio que lo devolvió a las radioemisoras.

Bueno, de todas maneras, muchas personas no habían dejado jamás de escucharlo. Su voz grave y sensual fue grito y plata durante los setenta, y de ahí que sus seguidores jamás lo hayan olvidado.

Son ellos los que lo lloran hoy, a pocos días de su fallecimiento, como consecuencia de una trombosis que derivó en una descompensación renal.

Con él desapareció una de las mayores leyendas vivientes de la época de oro del soul. “La voz del amor”, le llamaron, por su capacidad para traspasar de manera notable todo el sentimiento que implica su estilo de música.

Nacido un 12 de septiembre de 1944, este muchachote moreno llegó a la música tempranamente, a los once años, cuando apareció tocando el piano en un sencillo de Jesse Balvin, llamado “Goodnight my love”.

Fue a los 16 cuando grabó su primer disco junto a una banda, the Upfronts; en 1964 lo hizo para Atlantic y en 1965 repitió la experiencia para Downey and Veep (con el seudónimo de Barry Lee).

Entonces vino la indecisión, cuando White abandonó el micrófono para convertirse en descubridor de nuevos artistas, trabajando en el departamento de A&R de un sello independiente, Mustang/Bronco. Su capacidad en esta área le reportaba rápidos ascensos, al mismo tiempo que lo alejaba de la música como actividad profesional.

 

En 1969 se hace cargo, como productor, de un proyecto llamado Love Unlimited, que vendió un millón de copias. Luego de la insistencia del director del sello, y ante la evidente necesidad de una voz masculina, Barry se hace cargo de dicha responsabilidad, obteniendo un éxito rotundo, que marca su futuro en la música. Claro, esa placa era “I've got so much to give” y se editó firmada con su nombre.

Comenzaba, de esta forma, su década de oro en la música mundial, con hits para regalar, desde “I'm gonna love you a little more baby”, hasta “Your sweetness is my weakness”, pasando por “Let the music play”, o “The right thing”. Eso hasta los ochenta, años en los que su nombre desapareció del mapa, excepto por la edición de un disco de “Grandes éxitos”.

Una colaboración para un single de Quincy Jones, en 1989, fue su reaparición en las “grandes ligas” y el inicio de una etapa bastante más benévola. De hecho, en 1994, su disco “The icon is love” más que ser el regreso de un gran cantante, puede considerarse como una de sus mejores placas.

“The Ultimate Collection”, disco de 2000 que contiene otra selección de sus éxitos, había generado un regreso de su voz al inconsciente colectivo, elevando las ventas de sus discos, las que ya habían sobrepasado las cien millones de copias.

Y llegó el fatídico 2003, y una trombosis lo tumbó en la cama de un hospital hasta que dejó de existir la semana pasada. Atrás quedaban una vida llena de canciones y de excesos, también, por qué no mencionarlo, si fue la causa principal de su crisis de salud. Vaya esta reseña como un homenaje a lo que nos deja: su música. Adiós, Sr.White.


 
 
 
 

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