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¿Cuál
es trabajo de un arreglador? ¿Qué motivaciones
llevan a un amante de la música a dedicarse, precisamente,
a ese trabajo? Bueno, encontramos algunas respuestas a estas
preguntas en Felipe Quevedo, titulado de Arreglos y Composición
en Música Popular en la Escuela Moderna. Un tipo que
lo ha sido todo en torno a la música, por pasión
y porque descubrió, desde muy temprano, que de eso
se iba a tratar su vida.
¿Cómo comenzaste en la música?
"Más
bien joven, como a los 13, 14 años, con toda la pomada
del Canto Nuevo que había en ese tiempo. Con la guitarra
de palo, cantando en locales, en las peñas. Una cosa
bastante de bar. El valor que tuvo eso es que te acercas a
la música y al oficio de estar tocando y estar comunicándote
con la gente. Y todo por amor al arte, haciendo lo que te
gusta. Después fue más que nada persistir en
eso, tocar guitarra, me metí al Conservatorio de la
Chile durante dos años, tocando guitarra clásica."
O sea, estabas
en el colegio y dijiste "la música es lo mío"...
"Dije, 'Me encanta
la guitarra, quiero aprender a tocar bien guitarra, hay que
cosas que toco bien, pero hay otras que no puedo y me gustaría'.
Entonces me metí al Conservatorio, con un buen respaldo
de mi madre. Después me di cuenta que no era lo mío
la guitarra clásica, la cosa metódica y minuciosa,
estudiar ocho a doce años... Y tampoco yo apuntaba
demasiado a ser concertista en guitarra, no era para allá
donde iba. A mí me gustaba más la cosa lúdica
y bohemia."
¿Cómo
saltas desde el Conservatorio a la Escuela Moderna?
"Ingresé
al Conservatorio cuando iba en tercero medio y estuve hasta
cuarto. Cuando egresé del colegio estaba apestado y
me creí el cuento de que podía seguir en la
música. Mi padre también es artista y todavía
me acuerdo de lo que me dijo: 'la vida del artista es una
vida difícil y es mi deber decírtelo, y si lo
vas a hacer, métete a estudiar a full y en una escuela
buena'. Así que busqué, y mi propio padre me
habló de la posibilidad de la Moderna, que en ese tiempo
no era tan cara como ahora. Pero seguía siendo de elite.
De hecho, la carrera de composición y arreglos para
música popular era algo impensado para esa época,
no había un antecedente. Finalmente me metí,
pero sin tener una base muy sólida en lo musical, pues
los dos años de Conservatorio habían sido bastante
repetitivos."
¿Tú
sabías perfectamente en lo que te estabas involucrando?
"Sí,
sabía, y me interesaba el hecho de poder componer,
no de ser intérprete, y de aprender la parte técnica
de la música, de conocimientos orquestales, estilísticos,
los arreglos. No me proyectaba como cantautor con guitarra,
me proyectaba con un grupo, en un formato más grande."
¿Tú
conocías gente que trabajaba en eso?
"No, nadie.
Conocía al chico Saavedra (risas)...a la gente que
está en la tele. Pero no tenía contacto con
gente del medio, que hicieran cosas en el aspecto audiovisual."
Saliste de
la carrera ¿y?
"Salí
de la carrera en bien buenas condiciones, porque el lenguaje
lo adquirí con mucho interés. Lo pasé
muy bien estudiando. Me titulé un año después
de egresar -tras cuatro años de estudio- con un examen
en vivo. Tuve que armar composiciones propias, también
una composición "imitativa". Esto coincidió
con que yo estuve un año haciendo training afuera,
tuve una banda con mi hermano (hoy tecladista de Joe Vasconcellos),
de fusión, cuando ese estilo no era tan conocido. El
examen, entonces, lo hice en vivo, y salí muy bien
considerado."
¿Cuáles
fueron tus primeras pegas como arreglador?
"No me dediqué
al tiro a ser arreeglador. De hecho no me creía tal,
ni me presentaba así. Decía: 'yo soy músico'.
Lo que me interesaba era tener el entrenamiento que la Escuela
no me entregó. Quería oficio en el "mundo
real".
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Una
cosa fue llevando a la otra y puse un estudio. Conseguí
una muy buena pega como bajista en la tele, con lo que pude
juntar plata y comprar máquinas y equipos e instalarme
en una casa muy grande y bonita de mi madre. Mi hermano ya
tenía un bagaje como intérprete de piano y teclado
y se unió a mí en la apuesta. Fue una época
bastante movida, pues no es fácil mantener un estudio
después de instalarlo. No es fácil hacerse una
cartera de cliente, pues eres joven y nadie te conoce. Pero
empezaron a llegar bandas nuevas, tuvimos que producir, arreglar,
aconsejar. Eso me dio training para ser arreglista...y también
productor, técnico en sonido, todo al mismo tiempo,
y ponerme al día en cuanto a tecnología..."
Fueron dos o tres
años en los que Felipe conoció la producción,
la post producción, la edición. Junto a su hermano
trabajó con cortometrajes, musicalización de
videos institucionales. Hizo música para esos videos.
Luego empezó a profesionalizarse el estudio, al sumarse
clientes que eran parte de la gente que tocaba Ítalo,
su hermano. Ahí se ampliaron los contactos.
El estudio, en todo
caso, terminó y separaron sus caminos. Hubo un período
de "vacas flacas" para la familia y la casa tuvo
que venderse. Se desarmó la productora, que se llamaba
"Audiovisión" y las máquinas se repartieron
de acuerdo a lo que necesitaba cada uno.
Felipe comenzó
a tocar más, a estudiar más su instrumento de
siempre: el bajo: "Si uno no se mueve, si uno no sale
de la casa es muy difícil estar haciendo cosas. Y salieron
pegas esporádicas de asesorías musicales, y
otras cosas, pero siempre de forma independiente, nunca como
empleado".
Mientras, seguía
estudiando, escuchando mucho: "Un arreglista siempre
tiene que escuchar mucho, pero no abarcar todo, sino ir por
etapas. Uno dice: 'bien, yo soy arreglista, pero no sé
bien arreglar una orquesta de cuerdas', entonces hay que escucharlas,
en música popular, o clásica, y dedicarte a
sacarle el rollo al golpe de cuerdas, a las frases, a la función
que tienen, a la tesitura, qué es lo que abarcan, cuándo
se mueven, cunándo no, cuándo armonizan, cuando
no. Lo mismo con los bronces, en los que hay infinitos estilos."
¿Qué
trabajo te ha agradado más hacer, el de producción
o el de arreglos?
"A mí
me parece que la producción musical es un término
que a mucha gente le queda grande. Ahora se ha entendido un
poquito más de qué se trata el cuento. Antes
te econtrabas con alguien y le decías, qué haces,
y te decía soy productor. Estuvo muy de moda eso. Para
mí el productor es una persona que tiene que tener
un bagaje, una preparación, escuchar mucha música,
si no ser un músico, saber de música. Un productor
es un tipo bien multifacético que tiene que saber vender
un producto, gestionar como moverlo. Y aparte, entender del
concepto artístico. Para mí productor es George
Martin. Él es el ícono de la producción
musical. El productor debe tener la sabiduría de entenderse
con el artista y encauzarlo como si fuese un cabro chico,
pero sin atropellarlo."
Pero a Felipe le
no le interesa tanto la producción, como el trabajo
que estudió y que lo sigue apasionando, el de componer.
"El fenómeno de la creación me llama mucho
la atención. El hecho de crear algo donde no había
nada, y que tenga belleza, armonía, que tenga composición
en sí misma, es maravilloso. Es como dar vida".
Hoy por hoy, Felipe
esta rearmando su estudio tras un cambio de casa. De todas
maneras, sigue trabajando firmemente en música, en
la propia y en la de varios artistas que confían en
su experiencia. Para quienes deseen contactarlo, su correo
electrónico es el felkepro@lycos.com
Rodrigo Toledo.
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