JUAN PABLO QUEZADA (Prabha)
A toda oreja

Hemos decidido diversificar nuestra visitada sección Audioanálisis. Esto,
pues detrás de máquinas y artefactos siempre hay personas que viven,
respiran y sueñan con la música. "En el estudio" es el espacio para ellos:
productores, ingenieros, sonidistas, y quienes han hecho de esa actividad
una pasión.

 

Cuesta encontrar el estudio de Prabha, o mejor dicho, Juan Pablo Quezada,
quizá el productor musical de más bajo perfil por estos días. En el sector
más desconocido -o escondido- de la comuna de Ñuñoa está ubicado su
refugio, absolutamente despojado de publicidad, al que sólo se accede
gracias al clásico dato "de oídas".

Es que a Prabha no le gusta la parafernalia, todo lo contrario, ama la
tranquilidad y las satisfacciones de trabajar con quienes lo buscan, ya sea
por amigos en común, o por una recomendación lejana. Y llevar su actividad de esta forma no le ha resultado mal. De hecho, hace bastante tiempo que trabaja en un ritmo constante, y ha podido incluso conciliar los nombres de sus "clientes" con estilos -y propuestas- que son de su propio gusto.

¿Cómo se gesta tu relación con la música?

"Yo creo que a todos los que estamos involucrados siempre nos llamó la atención. Pero me acuerdo de haber tenido 11 o 12 años, haber escuchado a Peter Gabriel, y haber quedado pasmado, en un estado de shock emocional. No es que me haya gustado la música, sino que emocionalmente me pasó algo con él. Eso me marcó...eso de darme cuenta de que la música e produce estados de ánimo o de consciencia."

Tú optaste primero por hacer música por tí mismo. ¿Cómo tomaste esa determinación?

"Bueno, salí del colegio y mi primera decisión fue estudiar diseño gráfico. A los dos años caché que no iba por ahí y estudié sonido...bueno, paralelamente siempre estaba haciendo música...desde el colegio".

¿Qué tipo de música hacías en el colegio, por ejemplo?

"Hacía heavy metal, tocaba guitarra, canciones de Metallica, por ejemplo (sonríe al ver mi cara de extrañeza), y cosas así. Todavía me gusta Metallica, y puedo grabar algo bastante pesado y entender de qué se trata el lenguaje. Después me metí a la fusión, luego al new age, y después al pop, música de teleseries y cosas que fueron bastante exitosas. Haciendo música pasé por todo, pero a la hora de decidir qué era lo que tenía que hacer, a lo que me iba a dedicar, elegí el sonido, y en eso estoy desde hace diez años."

Entre los proyectos de Quezada destacan la formación en 1990 del grupo Equs, junto al hoy solista Subhira, con el cual publicó dos discos;"Gambassi" (1991) y "Equs" (1993). En 1996 crea junto a Sol Aravena el dúo Sol Azul, con el que edita "Historia Leyenda" bajo etiqueta Warner Music, y con el que compone el tema central para la teleserie "Adrenalina".

¿Cuáles han sido las mayores satisfacciones del trabajo detrás de las perillas, por sobre el del músico?

"Son cosas distintas, tienen que ver con aspiraciones diferentes. Yo en un momento me dije: si quiero ser guitarrista requiero aprender ciertas cosas. Y eso no me atraía. No me atraía, por ejemplo, ser guitarrista de sesión, leer a primera vista. Me gustan las cosas tangibles, las cosas gratas del oficio...después de cierto tiempo tú puedes ver un diso, un producto terminado, te puedes sentar y escucharlo. A veces escucho alguna música y me digo pucha, podría grabar yo esto; y hago vudú, pongo mi energía, para que las cosas resulten y los músicos terminan grabando conmigo. He tenido la suerte de grabar con tremendo músicos como Antonio Restucci, Francesca Ancarola, Joakín Bello, Tita Parra, Tropiflaite, cosas de música clásica, estilos super variados. Hasta Ráfaga, aunque no soy para nada un fanático del sound, es interesante aprender cuál es el lenguaje de cada estilo. Considerando lo chico que es el mercado y el país, no podría dedicarme a hacer cosas de un solo estilo."

¿Cómo manejas este cambio de códigos tan seguido?

"Es entretenido, porque tienes que aprender cómo funciona. Hace poco terminé de grabar un disco de hip hop y yo nunca había tenido esa cultura. Era cosa de sentarse, escuchar, y hacerle caso a los músicos. Es super importante escuchar lo que te están diciendo los músicos. Muchos sonidistas no los escuchan, salen de la escuela con este criterio, que yo encuentro bastante ridículo, una suerte de ego de qué es lo que está bien, pues ellos estudiaron sonido. Y en realidad uno estudia sonido en Chile, te titulas, y no sabes nada, no hay nada de práctica. Un guitarrista que se titula de guitarrista pasa ensayando horas durante años; uno que se titula de sonidista grabó una hora a la semana durante un año. Con 52 horas de estudio nadie hace una pega decente, a menos que sea un superdotado. Los únicos que te pueden ayudar son los músicos. Tú sales de estudiar y tus amigos son los músicos. Si estás trabajando en vivo, y el tipo te dice súbele a la guitarra, es porque probablemente tiene razón, porque lo ve desde otra perspectiva."

¿No te da lata que tu trabajo no sea tan reconocido, o que la gente no sepa
la importancia que tienen los productores?


"Es que es un trabajo donde uno pasa más desapercibido. Yo, por ejemplo, no tengo la personalidad de ser pop star. Tiene que ver con dónde uno se siente cómodo. Yo me siento bien encerrado en el estudio, trabajando en relaciones de meses con una o dos personas, en que te tienes que llevar bien, tiene que haber una onda de trabajao y no me interesa figurar mucho. Excepto entre mis posibles clientes. O sea, si tú tienes el reconocimiento de los músicos, bienvenido, porque eso significa que lo estás haciendo bien tu trabajo. Pero, más allá de eso, yo creo que los productores e ingenieros están donde tienen que estar."

¿Qué piensas de la participación creativa del productor en el trabajo de un grupo?

"Yo creo que esa participación es básico. Yo, al menos, trato de hacerlo. Hay una línea bien invisible que limita el donde tienes que meter mano y donde no. Hay veces que llegan grupos a grabar, específicamente con configuración de banda y tienes que ser super respetuoso de qué es lo que está ocurriendo, cuáles son los arreglos y cuál es tu participación en el asunto. Hay que ver también si te están pidiendo que seas productor de verdad, o que seas ingeniero. Un ingeniero graba.

Un productor es algo muy distinto, es alguien que tiene derecho a cortar el queque y decir que sí o que no. A mí habitualmente lo que me pasa es que siento que estoy haciendo coproducciones, reconocidas por la gente con la que yo trabaje o no. En un gran grado tengo influencia en lo que está pasando. Creo que dos cabezas piensan mejor que una".

¿Has tenido alguna vez un problema con un músico por este tema?

"No. Recuerdo que una sola vez en estos diez años de pega no pude enteder lo que un músico quería (no lo voy a nombrar aquí). Es frustrante, porque a mí me gusta que les guste. Para mí es importante que después de un día de trabajo el músico se vaya feliz. Si el tipo me da la mano, me mira a los ojos y me dice gracias, para mi es fantántisco, eso es lo que le da sentido a mi vida. No porque necesite el reconocimiento, sino porque siento que fui capaz de trabajar en cooperación. Es super delicado, porque uno puede ofender a un músico fácilmente. Mucha gente no considera la importancia que tienen las relaciones humanas dentro del estudio."

¿Hay defectos de los músicos al trabajar en estudio?

"Bueno, cada uno tiene cosas particulares. Y todos son muy distintos. Pero hay cosas que uno puede ver de forma común, como los bajos niveles de exigencia. Algo muy común es que toquen más de lo que la música necesita. Bajistas con complejo de guitarristas, que quieren figurar. Bateristas que tocan muchas notas, un poco por mostrarse. A medida que maduran, creo que van dejando eso atrás y buscando que el tema suene como un todo. Son super pocos los músicos que tienen un buen timing, que son capaces de tocar a tiempo. Muchas veces se preocupan de tocar cosas complicadas, y no de tocar a tiempo. Si hay algo que yo pudiera críticar, en general de los músicos, es que muchos no son capaces de tocar cobre un metrónomo."

¿Cuáles crees que son las características que llevan a los músicos a trabajar contigo?

"Toda la gente que llega al estudio porque otra persona le habló de mí.
Porque el estudio no tiene publicidad en ningún lugar. Yo creo que llegan
porque asumo que les dirán oye, lo pasé bien grabando, me gustó lo que quedó, o ambos."

En el plano vital más común ¿te cuesta vivir de tu trabajo?

"No, yo creo que vivo bastante dignamente. No tengo ningún día libre, excepto sábados y domingos, que ahora dedico sagradamente a mi familia. Muchas veces yo no sé si efectivamente voy a tener trabajo la semana siguiente, yo no sé si alguien me va a llamar y me va a decir oye, necesito grabar un disco, pero efectivamente sucede."

¿No has abierto el estudio para otro tipo de música, como para comerciales, por ejemplo?

Lo que pasa es que yo partí trabajando grabando música para comerciales, y haciendo postproducción de radio y televisión. Partí trabajando con Alejandro Lyon cuando estaba en Master y con Ricardo Cubillos. Entonces, mi crianza fue grabar publicidad. Y tuve la suerte de salirme de eso -digo la suerte porque a mí lo que me atrae es la música, no la publicidad- y en alguna instancia de mi vida tirarme independiente y dedicarme a la música, y poder vivir de ello."


¿Qué ha pasado con tus inquietudes musicales personales, piensas retomarlas?

"En 1997 yo saqué un disco solista (N.de la R: como Prabha) que fue muy terapéutico. lo pasé super bien haciéndolo. Tuvo buena crítica y se pagó por sí solo en tres semanas así que fue bastante exitoso desde ese punto de vista. Era música electrónica que la usaron para un montón de cosas. Siempre estoy persiguiendo a alguien por los derechos de autor. Hace tiempo vengo pensando la idea de un segundo intento, pero mi familia me ha frenado un poco. Prefiero postergar mi música y dedicar el tiempo a mi mujer y a mi hija, que tiene 3 años."Juan Pablo Quezada ha producido alrededor de 40 discos, entre los que se cuentan lo último de Francesca Ancarola, el "Ultrablues" de Emilio García, o lo nuevo de Antonio Restucci. A cada uno le tiene un cariño especial, por lo que es difícil ponerlo ante la disyuntiva de elegir.

Más cómodo se siente frente a las perillas, hablando de música, de recursos, de arreglos. Lo lleva en el alma y se nota incluso en una conversación fuera de su cubil, en la Plaza Ñuñoa. Lo pone a pensar a uno en esa conjunción notable entre vocación y pasión, entre lo que uno hace y lo que ama. Que a veces no es lo mismo. Que debiera ser siempre lo mismo.

 

Rodrigo Toledo.

 

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